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INTRODUCCIÓN

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Con el advenimiento de esquemas inmunodepresores más potentes y mejor tolerados y la mejoría en la supervivencia de los injertos a corto plazo, el trasplante renal sigue siendo el tratamiento de elección para la mayoría de los pacientes con nefropatía terminal. Los resultados son mejores con trasplantes de donantes vivos, en parte debido a una mayor compatibilidad entre los tejidos y por el menor tiempo de espera; lo ideal es que estos pacientes reciban el trasplante antes de empezar con uremia sintomática o con indicaciones para recibir diálisis. Los centros de trasplantes practican ahora injertos de donantes vivos no emparentados (como los cónyuges), a menudo en “cadenas” en que participan múltiples donantes para optimizar la histocompatibilidad. La supervivencia del injerto en tales casos es mucho mayor que la observada con trasplantes obtenidos de donantes muertos, aunque menos favorable que en el caso de trasplantes de parientes vivos.

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En 2011 en Estados Unidos se identificaron 55 371 individuos adultos activos en la lista de espera, elegibles para recibir riñones de un donante muerto y se hizo el trasplante en menos de 18 000 pacientes. Tal desequilibrio empeorará en el futuro, ante los mayores índices de obesidad y diabetes anticipables a nivel mundial. En un intento de mejorar la utilización de los riñones de donantes muertos y reducir las cifras de “desecho” de órganos, se han planteado criterios para el uso de los llamados “riñones de donante” que se obtienen con criterios expandido (ECD; expanded criteria donor) y riñones obtenidos de personas después de declarar su muerte de origen cardiaco (DCD; donors after cardiac death). Los riñones obtenidos de ECD por lo común se usan para pacientes añosos, y para quienes esperan una evolución menos satisfactoria con la diálisis.

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En el cuadro 141-1, se presentan los factores que repercuten en la supervivencia del injerto. Debe evitarse la transfusión sanguínea previa al trasplante, para reducir la probabilidad de sensibilización a antígenos HLA incompatibles; si la transfusión es necesaria, es preferible usar sangre radiada y reducida en leucocitos. Las contraindicaciones para el trasplante renal se describen en el cuadro 141-2. En general, el estándar de atención vigente es que el paciente debe tener una esperanza de vida mayor de cinco años para ser elegible al trasplante renal, ya que los beneficios del trasplante sólo se aprecian después del periodo perioperatorio en el cual la tasa de mortalidad es más alta que en pacientes comparables que se mantienen con diálisis.

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CUADRO 141-1

Algunos factores que influyen sobre la supervivencia del injerto en el trasplante renal

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