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INTRODUCCIÓN

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La porción inferior del aparato reproductor de la mujer, que comprende la vulva, la vagina y el cuello uterino, presenta una gran diversidad de trastornos benignos y neoplásicos. Las características de tales trastornos a menudo se traslapan, y de ese modo, puede ser muy difícil diferenciar las variantes normales, la enfermedad benigna y las lesiones que pueden ser graves. La infección en la porción baja de dicho aparato es una causa frecuente que se expuso en el capítulo 3, en tanto que en los capítulos 18 (pág. 404) y 29 (pág. 624) se describirán anomalías congénitas y las neoplasias en fase preinvasora, que son poco frecuentes. Las lesiones benignas que se exponen en este capítulo son trastornos comunes, y es esencial conocer en detalle su identificación y su tratamiento.

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VALORACIÓN INICIAL DE LA VULVA

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La piel de la vulva es más permeable que la de los tejidos vecinos por diferencias de estructura, hidratación, oclusión y susceptibilidad a la fricción (Farage, 2004). Por esa razón, en tal zona pueden surgir alteraciones, aunque es difícil estimar su frecuencia porque las pacientes no informan con la frecuencia real su situación, pero también porque los médicos no realizan un diagnóstico preciso. Las lesiones pueden ser consecuencia de exposición a un alérgeno o a un irritante, infecciones, traumatismos o neoplasias. Como resultado, los síntomas pueden ser agudos o crónicos, e incluyen dolor espontáneo, prurito, dispareunia, hemorragia y secreción. Contra muchos trastornos se cuenta con tratamientos eficaces, aunque la vergüenza y el miedo son obstáculos notables para brindar atención a muchas mujeres.

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Estrategia para la atención de síntomas vulvares
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La consulta inicial comprende la afirmación tranquilizadora de que el médico investigará en detalle todos los síntomas que señale la paciente. Las mujeres tienden a disminuir la importancia de sus molestias, y pueden sentirse incómodas al describir sus síntomas. Relatan historias anteriores de diagnósticos diversos y tratamientos de innumerables médicos y pueden expresar frustración y duda de que el alivio sea posible. Es mejor no prometer curaciones, sino más bien orientar todos los esfuerzos para aliviar los síntomas; para ello se necesitan múltiples visitas, obtención de muestras hísticas, intentos terapéuticos, e incluso atención por parte de un grupo multidisciplinario. La estrategia de colaboración entre el paciente y el médico en el tratamiento mejora el cumplimiento de órdenes terapéuticas y la satisfacción por las medidas emprendidas.

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Durante la consulta, se definen el diagnóstico sospechado, el plan terapéutico actual y las medidas recomendadas del cuidado de la piel de la vulva. Es útil contar con material impreso que explique lo referente a trastornos frecuentes, uso de fármacos y cuidados de la piel. Las mujeres suelen sentir tranquilidad al enterarse de que sus síntomas y trastornos no son particulares. De este modo, también es útil conocer los sitios de internet que tratan el tema, así como los grupos de apoyo a nivel nacional.

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