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Introducción

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Es sabido que el cáncer no es una enfermedad sino un conjunto de alteraciones que comprometen las funciones celulares más básicas, como crecimiento, diferenciación, división y muerte. Una célula tiene, por lo general, la capacidad para evitar incurrir en errores en las funciones antes mencionadas; sin embargo, existen ocasiones en las cuales las células no sólo no pueden evitar fallar sino que además promueven el establecimiento de dicho fenotipo deficiente en las células hijas, a lo que se le llama transformación celular. Se han propuesto varios modelos para explicar el desarrollo del fenómeno de transformación celular, entre los que se encuentra el del fenotipo mutador, el progenitor epigenético y el modelo de pasos múltiples.1 Más allá del modelo con el que se explique el proceso, las consecuencias finales son las mismas: una célula adquiere ventaja funcional frente a las demás y se enfoca más en autopreservarse que en las demás células o en la homeostasis del tejido en el que se encuentran, que es como da inicio el crecimiento tumoral.

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El modelo de pasos múltiples postula que el fenotipo celular maligno es resultado de la acumulación de mutaciones no letales durante una fase temprana de la carcinogénesis, etapa conocida como de iniciación. Estas mutaciones se transmiten a las células hijas como consecuencia de una regulación ineficiente de la proliferación celular durante la siguiente fase, la promoción, lo que conduce a la fase de progresión, donde el daño genético adicional y el acumulado producen el fenotipo maligno.2,3 El proceso de transformación ha sido estudiado a nivel molecular con la finalidad de entender los acontecimientos tempranos en el desarrollo tumoral; es así como se ha llegado a describir parte del contexto genético y epigenético del desarrollo de esta morbosidad.

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Tanto los mecanismos genéticos (como las mutaciones puntuales, translocaciones, deleciones, amplificaciones o inversiones) como los hechos epigenéticos4 que no modifiquen la secuencia de ácidos nucleicos, pero alteren el estado de permisividad de la cromatina a través de modificaciones postraduccionales de las histonas (metilación, ubiquitinación, acetilación, fosforilación, etc.) o por metilación directa del DNA, tienen en común los objetivos que afectan. Lo anterior tiene caso en vista de que, ante una transformación maligna, suelen ser los mismos genes los que se involucran en la desregulación de las funciones celulares.5-7 Según su actividad procarcinógena o anticarcinógena, estos genes se clasifican en dos grupos: oncogenes y genes supresores de tumores.

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Equilibrio entre oncogenes y genes supresores

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Es importante mencionar que el simple hecho de llamarles oncogenes no implica que sean genes cuyo único propósito sea el de inducir un crecimiento tumoral en el tejido donde se expresen. Por el contrario, este nombre sólo se refiere a la manera en la que se descubrieron los mismos, al ser codificados por el genoma de algunos virus como el del sarcoma de Rous (src), el del sarcoma murino de Harvey (Ha-ras), ...

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