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Introducción

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Los tumores malignos se siguen encontrando dentro de las tres principales causas de muerte de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2012) de México.1 En países como Estados Unidos, se estima que las obstrucciones malignas de la vía respiratoria afectan a casi 80 000 pacientes al año.2 Las causas de obstrucción maligna de la vía respiratoria son numerosas e incluyen a tumores originados en la base de la lengua, orofaringe, laringe, tiroides, tráquea, bronquios, pulmones, tumores del mediastino como linfomas, tumores germinales, esofágicos e incluso metástasis.3 Se ha reportado que la causa más común de obstrucción maligna son los tumores de origen pulmonar.4 El reconocimiento y tratamiento tempranos produce disminución de la disnea e incremento de la calidad de vida en 95% de los casos.5 La fisiopatología de la obstrucción es resultado de la infiltración tumoral o la compresión externa.6 Por su localización, se puede clasificar como obstrucción proximal (hipofaringe, laringe y tráquea) y distal (bronquios principales y secundarios); a su vez, la obstrucción proximal puede subdividirse en alta y baja si se toma como referencia la parte mediotraqueal.7

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Cuadro clínico

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Las manifestaciones clínicas dependen de la localización, gravedad y progresión de la lesión. La presentación puede ser inespecífica, por lo que se debe realizar diagnóstico diferencial con agudización de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, crisis de asma bronquial y bronquitis. El síntoma más usual es la disnea, que se puede acompañar de estridor, tos, sibilancias (inspiratorias, espiratorias, unilaterales o bilaterales), hemoptisis hasta en 45% de los casos y neumonía. Los pacientes con masas mediastínicas no suelen tolerar la posición supina.8,9 En casos de obstrucción grave, se puede presentar ansiedad, taquicardia, diaforesis, cianosis, deterioro del estado de alerta con progresión a bradicardia y paro cardiorrespiratorio. Una orientación clínica sobre la etiología maligna es la ausencia de respuesta con esteroides y broncodilatadores inhalados.10

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Diagnóstico

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La evaluación y diagnóstico de la obstrucción de la vía respiratoria requiere evaluaciones rápidas; la gasometría y la espirometría no son de utilidad en situaciones de emergencia. La radiografía de tórax aporta información inespecífica, pero puede descartar de inmediato otras causas de dificultad respiratoria (neumotórax). La tomografía axil computarizada es el estudio de imagen de elección que en la actualidad permite la reconstrucción tridimensional de la vía respiratoria, con imágenes internas (broncoscopia virtual) y externas, lo que permite caracterizar la lesión y determinar la estrategia terapéutica apropiada.9,11

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La broncoscopia es el estándar de oro para evaluar la obstrucción respiratoria ya que permite la visualización directa, evalúa la extensión y localización del tumor, así como la toma de muestras de biopsia. Este procedimiento diagnóstico puede convertirse en terapéutico.9,11 La broncoscopia rígida ofrece la ventaja de facilitar la ventilación y la intervención terapéutica como descompresión, resección con láser, electrocoagulación con argón, dilatación ...

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