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Introducción

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La inmunodeficiencia crónica se reconoció como un factor de riesgo para el desarrollo de neoplasias más de una década antes de la epidemia de HIV/sida, tanto en pacientes con defectos congénitos del sistema inmunitario como en los pacientes con inmunosupresión yatrógena secundaria al tratamiento inmunosupresor, en el grupo de pacientes con trasplante de órganos sólidos y en el de enfermedades autoinmunitarias. Hoy, la infección por el HIV es la principal causa de inmunosupresión en el mundo, si bien se han logrado avances por primera vez en la historia en desacelerar la evolución de la enfermedad en personas infectadas y de muertes por HIV gracias al incremento de individuos que reciben el tratamiento altamente activo (TARAA) en diferentes regiones del planeta. Todavía se estima que a finales de 2012 se infectaban cada día 6 300 personas en el mundo, 39% de las cuales tenían entre 15 y 34 años, con 47% de ellas pertenecientes al género femenino. El 95% de estas infecciones ocurre en los países más pobres del planeta, en especial en el África subsahariana. ONUSIDA estima que a finales de 2013 había 33.5 millones de personas con HIV/sida en el mundo y en 2012 fallecieron 1 600 000 personas a causa de esta enfermedad.1

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Existen en el mundo tres escenarios diferentes en las personas que viven con HIV, que son en primer lugar el de aquéllos con acceso a los tratamientos, el segundo escenario lo constituyen los pacientes sin acceso al TARAA, y el tercer escenario es aquél donde se mezclan estos dos espectros de la enfermedad. Los TARAA han tenido un gran impacto en disminuir la mortalidad así como los eventos definitorios del sida; a consecuencia de ello, el espectro de las neoplasias en esta población de pacientes se modificó de manera sustancial, donde las neoplasias que no se vinculan con el sida pasaron a ser una de las principales causa de morbimortalidad en estos pacientes.2 El escenario de los pacientes sin acceso al TARAA constituye todavía el que predomina en el mundo y en el que los afectados cursan con la historia natural de la infección por el HIV, donde las neoplasias oportunistas descritas en el inicio de la epidemia se mantienen todavía como los tumores más frecuentes. En el tercer escenario, donde se mezclan estos dos espectros de la enfermedad, se ha hecho un esfuerzo ingente para lograr el acceso universal al TARAA de más enfermos, que alcanzan con ello la recuperación inmunitaria y de esa manera pueden abatir la mortalidad por esta enfermedad. Pero en este mismo grupo aún existe un gran número de personas que no tienen acceso al diagnóstico temprano y llegan a la consulta con una enfermedad avanzada y con el mismo espectro de los países sin acceso a TARAA, como es el caso de México, y en quienes las neoplasias características del sida se conservan como las más frecuentes, aunque ya empiezan a incrementarse los cánceres que no ...

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