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INTRODUCCIÓN

Es interesante considerar que la marcha bípeda del hombre es singular entre los animales. La transición de la marcha tetrápoda a la bípeda produjo retos para el sistema nervioso central para mantener la postura erguida, la estabilidad cuando el individuo se mantiene de pie y un complejo grupo de reflejos de corrección para evitar las caídas. Una cantidad considerable del cerebro integra la información visual, propioceptiva y vestibular que dirige las actividades corticales, espinales, cerebelosas y motoras de los núcleos basales para la marcha.

El análisis de la bipedestación, la postura y la marcha es un ejercicio médico gratificante; con cierta experiencia, el examinador puede establecer un diagnóstico neurológico con sólo observar la forma en que el paciente entra en su consultorio. Si se considera la frecuencia de las caídas que resultan de los trastornos de la marcha y sus consecuencias, como las fracturas de cadera y la subsecuente necesidad de cuidado hospitalario y domiciliario, éste es un tema importante para todos los médicos. Tinetti y Williams describieron las dimensiones sustanciales del problema social y económico de las caídas y los ancianos.

Ciertos trastornos de la función motora y sensitiva se manifiestan de manera muy clara como alteraciones de la bipedestación y la locomoción; para valorarlas es necesario conocer los mecanismos neurales subyacentes a la particular función humana de la bipedestación y la marcha bípeda. De la misma importancia en neurología son las numerosas formas en que la marcha puede alterase sin modificar cualquiera de los aspectos elementales de la función neurológica; en éstos se afectan los mecanismos de integración para la marcha estable y aquéllos para evitar las caídas. Además, en especial en individuos de edad avanzada, los problemas con la marcha y el equilibrio se deben a dos o más trastornos e incluso al propio envejecimiento.

MARCHA NORMAL

La marcha varía de manera considerable de una persona a otra y es común reconocer a un individuo por sus pisadas, en particular por su cadencia y la ligereza o pesadez de sus pasos, y por su postura a distancia, antes incluso de identificar su cara. Desde luego, la marcha de los hombres y las mujeres es diferente; los pasos de éstas son más rápidos y cortos. Sherlock Holmes sentía orgullo por su talento para inferir la personalidad y ocupación de un individuo por su forma de caminar. Se dice que Charcot podía establecer con frecuencia el diagnóstico correcto, incluso antes de ver al paciente, por el sonido de sus pasos cuando caminaba por el pasillo hacia la sala de exploración. Los cambios en la bipedestación y la marcha que acompañan al envejecimiento, la postura un poco encorvada y los pasos lentos y rígidos del envejecimiento que se describen en el capítulo 28 son tan familiares que no se perciben como anomalías.

La marcha normal rara vez atrae la atención, pero debe observarse con cuidado si ...

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