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INTRODUCCIÓN

La relación entre la psiquiatría y la neurología, que alguna vez fueron una sola especialidad, ha sido difícil por más de un siglo. Con el surgimiento de muchas teorías sobre la naturaleza de la vida mental y de la mente, aparecieron también sistemas correspondientes para el tratamiento de la enfermedad psiquiátrica. Muchos de estos sistemas, tipificados antes por el psicoanálisis, parecían tener poco en común con las ideas neurológicas sobre la estructura y función del cerebro. Liberada del arquetipo de la enfermedad mental principal que era consecuencia de un daño estructural al cerebro, la paresia general sifilítica, la psiquiatría pudo centrarse en temas que estaban menos anclados en la medicina. Con el surgimiento de una nueva psiquiatría biológica basada en la neuroquímica, genética e imágenes funcionales del cerebro, parece que se va cerrando la brecha entre las enfermedades de la mente y las del cerebro. Sin embargo, los neurólogos deben ver algunas de estas ideas modernas al menos con cierto escepticismo. Por ejemplo, la observación del funcionamiento cerebral con métodos de imágenes, y la alteración de esa función en la enfermedad, no es equivalente a la enfermedad misma y por supuesto que no puede capturar la experiencia por la cual se manifiesta la enfermedad mental. La disociación de la historia personal y las experiencias de un individuo, aspectos de su vida que quizá no puedan cuantificarse o visualizarse, de las enfermedades mentales todavía es un artificio, como lo era en la época de los filósofos clásicos. Esta posible división entre mente y cerebro, denominada “dualismo”, se pone en evidencia en particular cuando uno comienza a analizar el flujo normal de pensamientos que domina la vida cotidiana en vez de los pensamientos desordenados de los estados de enfermedad mental. El gran Hughlings Jackson era de la opinión de que el cerebro ofrece una plataforma para el pensamiento, pero no lo explica, una propiedad de la mente que él denominó “emergente”. Esto deja abierta la posibilidad de una ciencia de la mente, independiente de la ciencia del cerebro. Además, siempre será un problema la separación de las peculiaridades de la personalidad y los rasgos de carácter, probablemente reflejos de la diversidad biológica del desarrollo cerebral, de la enfermedad genuina. Incluso los límites entre la enfermedad y la disfunción cerebral han sido tema de debate y dieron origen a muchos “síndromes sombra” de origen psicológico que están sujetos a cambios según la cultura popular y la moda. Esto sirve como una introducción apropiada a un capítulo de lo que antes se llamaba “neurosis”.

En todas las sociedades hay individuos perturbados que no son enfermos mentales ni tienen alteraciones en el desarrollo. Difieren de otras personas porque están invadidos por sentimientos de inferioridad y dudas acerca de sí mismos, desconfianza respecto de las motivaciones de las demás personas, poca energía, fatiga inexplicable, timidez, irritabilidad, mal humor, sentimientos de culpa, y preocupaciones y temores irracionales. Sufren a consecuencia de estos sentimientos o se comportan ...

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