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INTRODUCCIÓN

Estos trastornos se extienden en todas las sociedades y son causa de mucho sufrimiento. Diferenciar entre depresión, en todas sus formas, y el trastorno bipolar es esencial para orientar el tratamiento. Estos trastornos, si bien se manifiestan como cambios en la vida mental, aun así, están evidentemente mediados por la función encefálica. Revisten una gran importancia para los psiquiatras y neurólogos, pero están integrados en las prácticas de casi todas las ramas de la medicina.

DEPRESIÓN Y TRASTORNO BIPOLAR

La depresión es quizá la causa de mayor aflicción y sufrimiento que cualquier otra enfermedad a la que el género humano está expuesto. Este concepto, que definió Kline hace casi 50 años, aún lo utilizan todos los que trabajan en el campo de la salud mental. En conjunto, las formas de la depresión son las más frecuentes entre todos los trastornos psiquiátricos. El Global Burden of Disease Study de 2016 corrobora esta afirmación y calculó que la depresión es la cuarta causa de discapacidad debida a una enfermedad grave en todo el mundo (después de la lumbalgia, la migraña, la hipoacusia y la anemia), y compone cerca del 7.5% de todos los años vividos con discapacidad. También es el principal factor que contribuye a muertes por suicidio, cuyo número se acerca a 800 000 por año (GBD, 2016). En un hospital general, como se indicó en el capítulo anterior, representan 50% de las consultas psiquiátricas y 12% de todos los internamientos.

Si bien desde hace más de 2 000 años se ha conocido la depresión (la melancolía se describe en los escritos de Hipócrates), ha sido difícil separar los aspectos médicos (concepto kraepeliniano) de la reacción psicológica (concepto meyeriano). En otras palabras, ¿es en esencia una perturbación biológica o una respuesta al estrés psicosocial? Una posición ecléctica es que ambas propuestas son correctas, es decir, que hay dos variantes básicas de depresión: la exógena (con una causa evidente) y la endógena (sin una causa externa clara), y es posible que exista interacción entre ellas y susceptibilidad biológica a cualquiera. Sin embargo, los estados clínicos y fisiológicos de la depresión que no coinciden con las circunstancias externas pueden, cuando es prolongada o grave, constituir una enfermedad. Por tanto, las fronteras entre una enfermedad biológica y la medicalización de la vida cotidiana por fuerza se desdibujan.

Respecto de la depresión endógena y la enfermedad bipolar relacionada, los datos genéticos y neuroquímicos citados más adelante sustentan la idea kraepeliniana de que se trata de una enfermedad. No obstante, persiste un concepto seglar, quizá perpetuado por algunos psiquiatras orientados por el proceso, de que los sucesos de la vida personal de cada individuo, ya sea distantes o actuales, subyacen a ambos tipos de enfermedad depresiva. Una consecuencia de tal postura es asumir que la incapacidad para enfrentar este tipo de estrés representa una especie de fracaso personal que a su vez puede inhibir la ...

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