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PUNTOS CLAVE

Puntos clave

  1. La prestación de cuidados intensivos modernos se basa en la capacidad de vigilar un gran número de variables fisiológicas y formular estrategias terapéuticas basadas en evidencia para manejar estas variables. Los avances tecnológicos en la vigilancia tienen al menos un riesgo teórico de exceder la capacidad del médico para comprender las implicaciones clínicas de la información derivada. Esto podría resultar en el uso de datos de vigilancia para tomar decisiones clínicas inapropiadas. Por tanto, la implementación de cualquier nueva tecnología de vigilancia nueva debe tener en cuenta la relevancia y precisión de los datos obtenidos, los riesgos para el paciente y las pruebas que respaldan cualquier intervención dirigida a corregir la anomalía detectada.

  2. El uso sistemático de los dispositivos invasivos de vigilancia, sobre todo el catéter de la arteria pulmonar, debe ponerse en duda a la luz de las pruebas disponibles que no demuestran un beneficio claro para su uso generalizado en varias poblaciones de pacientes en estado crítico. El futuro de la vigilancia fisiológica estará dominado por la aplicación de dispositivos no invasivos y altamente precisos que guíen la terapia basada en pruebas.

INTRODUCCIÓN

El verbo en latín monere, que significa “advertir o avisar” es el origen de la palabra monitor en inglés. En la práctica médica moderna, los pacientes se someten a una vigilancia para detectar alteraciones patológicas en los parámetros fisiológicos, lo que ofrece una alerta avanzada en caso del deterioro inminente del estado de uno o más sistemas orgánicos de los enfermos. El objetivo previsto de este empeño es permitir que el clínico tome las medidas adecuadas de manera oportuna para evitar o disminuir el trastorno funcional. Además, la vigilancia fisiológica seriada (monitoreo) no sólo se practica para advertir, sino también para valorar las intervenciones terapéuticas, como el tratamiento con líquidos o la introducción de fármacos vasoactivos o inotrópicos por venoclisis. La unidad de cuidados intensivos (ICU, intensive care unit) y el quirófano son los dos lugares donde formas más avanzadas de vigilancia se emplean habitualmente en el cuidado de pacientes en estado crítico.

En el sentido más amplio, la vigilancia fisiológica abarca un espectro de esfuerzos que van desde la complejidad de la medición sistemática e intermitente de los signos vitales típicos (es decir, temperatura, frecuencia cardiaca, presión arterial y frecuencia respiratoria) hasta el registro continuo del estado de oxidación de la citocromo oxidasa, el elemento terminal de la cadena de transporte electrónico de la mitocondria. La capacidad de evaluación de los parámetros clínicamente relevantes del estado de los tejidos y los órganos y el empleo de este conocimiento para mejorar los resultados del paciente representa el “santo grial” de la medicina de cuidados intensivos. Por desgracia, a menudo se carece de consenso con respecto a los parámetros de vigilancia más apropiados con el fin de lograr este objetivo. Además, la toma de una decisión terapéutica inadecuada debido a datos fisiológicos inexactos ...

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