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En los últimos 25 años, la hepatopatía grasa no alcohólica ha afectado a todos los campos de la medicina clínica y es la forma más frecuente de hepatopatía crónica en Estados Unidos. Debido a su asociación con la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2, cabeesperar que aumente su prevalencia. De este tipo de hepatopatía grasa no alcohólica, su forma más grave es la que se asocia con inflamación, es decir, con una esteatohepatitis no alcohólica, cuyas características histopatológicas, además de la grasa, comprenden la inflamación, el daño de los hepatocitos, con o sin fibrosis, y los infiltrados de polimorfonucleares. En un 10 a 25% de los pacientes con esteatohepatitis no alcohólica se desarrolla cirrosis, con una tasa de mortalidad similar a la de la cirrosis asociada con la hepatitis C. La esteatosis sin inflamación tiene un curso clínico mucho más benigno. Se han intentado muchos tratamientos farmacológicos con diferentes grados de éxito. Aunque ciertos ensayos sobre fármacos hipoglucemiantes, como la metformina y las tiazolidindionas, han tenido resultados prometedores, ningún estudio controlado con placebo ha resultado concluyente sobre su uso.

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Hace poco, Belfort et al. (2006) han llevado a cabo un ensayo controlado con placebo sobre el uso de pioglitazona en pacientes con esteatohepatitis no alcohólica demostrada mediante biopsia y con intolerancia la glucosa o con diabetes tipo 2. Los autores asignaron aleatoriamente a 55 de estos pacientes a recibir 6 meses de tratamiento con una dieta hipocalórica (calculada para mantener el peso corporal) junto con placebo o 45 mg diarios de pioglitazona. Sus resultados demostraron que, en comparación con placebo, la dieta más pioglitazona mejoraba el control de la glucemia y la tolerancia la glucosa, normalizaba los niveles de aminotransferasas, disminuía el contenido graso del hígado y aumentaba la sensibilidad hepática a la insulina. El grupo de la pioglitazona mostró mejoría en los datos histopatológicos del hígado respecto a la esteatosis, la necrosis y la inflamación. Sin embargo, no se observó ninguna diferencia entre ambos grupos en cuanto a disminución de la fibrosis.

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En un editorial adjunto, el Dr. Arthur McCullough (2006) está de acuerdo en que fármacos como la pioglitazona resultan útiles al disminuir la resistencia a la insulina y la inflamación, pero cree que este fármaco no está aún listo para su uso habitual en el tratamiento de la esteatohepatitis no alcohólica. También observa que aunque suelen ser bien tolerados, los fármacos como la pioglitazona se han asociado con un considerable aumento de peso, lo que obviamente es un efecto no deseable. McCullough comenta que para el tratamiento inicial de un paciente con diabetes tipo 2 e hígado graso, las tiazolidindionas como la pioglitazona pueden ser la opción preferida, pero sugiere que la combinación de metformina y una tiazolidindiona puede proporcionar el mismo beneficio que una tiazolidindiona sola pero sin el aumento de peso asociado con este último fármaco. Así, aunque los datos de Belfort resultan esperanzadores, parece prudente esperar a un estudio controlado de mayor tamaño y de al menos 1 ó 2 años de duración para llegar a ...

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