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La relación entre aterosclerosis y demencia ha sido un tema de mucho interés desde la publicación de múltiples estudios observacionales al final del decenio de 1990. Esta asociación puede deberse a accidentes cerebrovasculares o a patología de pequeños vasos y sus efectos sobre la función cognitiva, o bien pudiera explicarse por otros mecanismos alternativos que se han propuesto. Un estudio reciente ha intentado explorar esta relación de forma prospectiva en una extensa cohorte de pacientes.

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Los autores utilizaron a los sujetos del Rotterdam Study, una cohorte de personas mayores de 55 años (casi un total de 8000) residentes en Rotterdam, Holanda. La mayoría de los partipipantes en esta cohorte se mantuvo en seguimiento continuo a intervalos regulares desde 1990 hasta 2005. Al inicio y al cabo de 7 y 9 años, los pacientes fueron sometidos a pruebas de cribado de demencia y a la investigación de factores de riesgo de aterosclerosis, incluidos la medición del grosor de la carótida y la presencia de placas, así como el índice maléolo-braquial (ABI, del inglés ankle-brachial index) como indicadores de enfermedad vascular periférica. La demencia se diagnosticó mediante criterios establecidos tras identificar a los pacientes con pruebas sencillas de cribado, como el test Mini-Mental.

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Fueron incluidos en el estudio un total de 6647 personas sin demencia y con menos de una medición de aterosclerosis en el momento inicial. A lo largo de un seguimiento medio de 9.0 años (desviación estándar, 3.4 años), fueron identificados 678 pacientes con demencia, que se clasificaron en aquellos con enfermedad de Alzheimer (n = 476, 70.2%), enfermedad de Alzheimer más enfermedad cerebrovascular (n = 52, 7.7%), demencia vascular (n = 78, 11.5%) y otras causas de demencia (n = 72, 10.6%). Se encontró que el grosor de la íntima-media de la carótida (IMT) en el momento inicial se asociaba de forma significativa con el riesgo de demencia. Aquellos pacientes en el peor quintil de IMT tuvieron un riesgo un 50% mayor de presentar demencia que aquellos situados en el mejor quintil. El incremento de riesgo de demencia con el IMT carotídeo fue específico para la enfermedad de Alzheimer y no para otras causas de demencia. Otras medidas de aterosclerosis en el momento inicial como el número de placas carotídeas y el ABI no mostraron ninguna relación con el desarrollo de demencia.

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Según las mediciones al final del seguimiento, el IMT carotídeo y las placas carotídeas se asociaron, ambos de forma significativa, con un mayo riesgo de demencia al finalizar el periodo de estudio. Estas asociaciones persistieron incluso después de realizar ajustes para los factores de riesgo cardiovascular establecidos. En este estudio no se confirmó la idea de que el genotipo ApoE influyera en la relación entre aterosclerosis y demencia, como tampoco hubo ninguna interacción entre el genotipo ApoE y ninguno de los marcadores de aterosclerosis. Como era de esperar, se registró una estrecha relación entre los marcadores de aterosclerosis en el momento inicial y la mortalidad por cualquier causa durante el periodo de estudio.

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