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La insuficiencia aórtica (AR, del inglés aortic regurgitation) aguda grave, debida generalmente a endocarditis o disección aórtica, requiere la cirugía urgente como consecuencia de los síntomas graves asociados a la inestabilidad hemodinámica. Por el contrario, la AR crónica grave tiene un período de latencia prolongado antes del comienzo de los síntomas (disnea y angina) y, por lo tanto, requiere una cuidadosa devaluación de las ventajas y los riesgos antes de llevar a cabo el recambio de la válvula aórtica (AVR, del inglés aortic valve replacement). Hay que operar lo antes posible para evitar la disfunción irreversible del ventrículo izquierdo secundaria a la AR grave, pero no demasiado pronto para no exponer a los pacientes al riesgo innecesario de la mortalidad y morbilidad quirúrgicas y de las complicaciones de una prótesis de válvula aórtica.

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ETIOLOGÍA Y EPIDEMIOLOGÍA DE LA INSUFICIENCIA AÓRTICA

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La AR crónica grave puede deberse a una anomalía tanto de la válvula como de la aorta ascendente, o a ambas. Debido a la disminución de la fiebre reumática en los países occidentales, la válvula bicúspide congénita, la ectasia anuloaórtica y la valvulopatía aórtica degenerativa son actualmente las causas más frecuentes de AR crónica grave. Un reciente estudio de base poblacional en los EE.UU. (Nkomo et al., 2006) ha estimado la prevalencia de  AR moderada a grave en un 0.1% para los grupos de menor edad (45-54 años), que aumenta a un 2% en pacientes ancianos (≥75 años).

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DEFINICIÓN Y DIAGNÓSTICO DE INSUFICIENCIA AÓRTICA GRAVE

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Tradicionalmente, se ha utilizado la angiografía para determinar la gravedad de la AR. Actualmente, la ecocardiografía, una modalidad incruenta, ha sustituido en gran medida al cateterismo en el diagnóstico y determinación de la gravedad de la AR. Se utiliza una combinación de técnicas ecocardiográficas semicuantitativas y cuantitativas para valorar la gravedad de la AR. Cuantitativamente, un volumen de sangre regurgitada ≥60 mL/latido, una fracción de regurgitación ≥50% y un área del orificio de regurgitación (ERO) ≥0.3 cm2 junto con un ventrículo izquierdo agrandado, son marcadores de AR crónica grave. Desde el punto de vista semicuantitativo, una anchura del chorro del flujo central en color del ventrículo izquierdo que ocupe > 65% del ancho del tracto de salida, un área del chorro que ocupe >60% del área del flujo de salida del mismo ventrículo y un ancho de la vena contracta >0.6 cm sugieren una AR grave. Muchos signos ecocardiográficos semicuantitativos adicionales, como el tiempo de hemipresión y la inversión del flujo diastólico en la aorta descendente, son útiles para calcular de forma incruenta la gravedad de la AR (Bonow et al., 2006). En aquellos casos, infrecuentes, en los que la información obtenida mediante ecocardiografía transtorácica  resulte insuficiente, la angiografía  isotópica o las imágenes por resonancia magnética, la ecocardiografía transesofágica o la angiografía pueden ser necesarias adicionalmente para determinar la gravedad de la AR y el tamaño y la función del ventrículo izquierdo. Los avances en ecocardiografía en 3 D y las imágenes de resonancia magnética prometen mejorar la cuantificación ...

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