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El síndrome de Guillain-Barré es una neuropatía inflamatoria aguda que puede llevar a una debilidad grave de los miembros, la cara y los músculos respiratorios. En su fisiopatología están implicados autoanticuerpos que atacan a los nervios periféricos y pueden ser desencadenados por diferentes infecciones en algunos casos. Debido a la etiología autoinmunitaria del trastorno, los tratamientos de primera línea son la inmunoglobulina IV (IVIg) o la plasmaféresis (PE, de plasma exchange), además del tratamiento de la insuficiencia respiratoria. La IVIg se utiliza más que la PE por la facilidad de su administración y el perfil favorable de efectos secundarios. La IVIg se administra a una dosis estándar de 2 g/kg dividida en 3–5 días; sin embargo, a pesar de este tratamiento, la recuperación de algunos pacientes aún es lenta o incompleta. Un reciente estudio (Kuitwaard et al., 2009) se propuso analizar si la farmacocinética de la IVIg en determinados pacientes guardaba relación con el pronóstico.

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Los autores incluyeron a 174 pacientes que participaron en uno de los dos estudios clínicos previos, todos los cuales habían sido tratados con 2 g/kg de IVIg. Se determinaron los niveles totales de IgG en muestras de suero, antes del tratamiento y, de nuevo, 2 semanas después del mismo. A algunos pacientes también se les midieron los niveles de IgG a las 4 semanas (91 pacientes), a los 3 meses (86 pacientes) y a los 6 meses (83 pacientes). En general, los niveles de IgG aumentaron de forma predecible desde los niveles iniciales hasta 2 semanas después del tratamiento en la cohorte.

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Los autores calcularon la variación de la IgG sérica entre el nivel de las 2 semanas y el basal y encontraron una gran variabilidad (media, 7.8 g/L; DE, 5.6 g/L). Se crearon cuartiles partiendo de los niveles de IgG delta. No se registraron diferencias significativas de edad, peso, tratamiento concomitante con esteroides o presencia de infección previa entre los cuartiles. La evolución de la enfermedad en los pacientes con una IgG delta baja fue más grave, con una recuperación más lenta y una menor probabilidad de poder caminar sin ayuda a los 6 meses (p < .001). De los 27 pacientes que no podían caminar a los 6 meses, 12 (44%) estaban en el cuartil inferior de IgG delta y 23 (85%) en los dos cuartiles inferiores.

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Un nuevo examen de las relaciones entre los niveles de IgG y el pronóstico utilizó un análisis multifactorial que ajustó por factores conocidos asociados con un mal pronóstico del síndrome de Guillain-Barré, como edad avanzada, diarrea previa e índice de incapacidad. Ni el nivel de IgG previo al tratamiento ni el medido dos semanas después del mismo se asociaron de manera significativa con el pronóstico, pero un nivel bajo de IgG delta se asoció de forma independiente con un mal pronóstico en este modelo (p = .022).

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Este interesante estudio sugiere que los pacientes cuyos niveles de IgG aumentan menos tras el tratamiento del síndrome de G-B con IgIV tienen peor pronóstico que los que presentan mayores aumentos de la IgG. Queda por aclarar si esas diferencias reflejan distintas respuestas del huésped a la IgIV o algunas diferencias desconocidas del ...

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