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El suicidio es un importante motivo de preocupación para pacientes con problemas de salud mental y sus médicos. Muchos de los pacientes que se suicidan lo han intentado previamente sin éxito. Es importante poder estratificar el riesgo de los pacientes que intentan suicidarse para identificar a aquellos con mayor riesgo de recurrencia y muerte. Un reciente estudio (Runeson et al., 2010) se propuso examinar el método utilizado en el intento de suicidio para determinar tal riesgo de mortalidad.

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Utilizando datos de un registro nacional, los autores usaron un diseño de cohorte para identificar a todos los pacientes hospitalizados en Suecia tras un intento de suicidio entre 1973 y 1982. El principal criterio de valoración fue el suicidio posterior entre 1973 y 2003. Se recogieron datos demográficos básicos, método del intento de suicidio, diagnóstico psiquiátrico y nivel educativo.

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Desde 1973 hasta 1982 fueron ingresadas en un hospital tras un intento de suicidio 48,649 personas. De ellas, 5740 (11.8%) se suicidaron posteriormente a lo largo de las 2–3 décadas de seguimiento. El método de intento de suicidio más frecuente fue el envenenamiento (84% de los que intentaron suicidarse) y se escogió este método como referencia para las comparaciones. Los pacientes que intentaron suicidarse por ahorcamiento, estrangulamiento o asfixia presentaron el peor pronóstico, ya que llegaron a suicidarse posteriormente el 54% de los varones y el 57% de las mujeres, con un cociente de riesgo (hazard ratio: HR) de 6.2 en comparación con la referencia e intervalo de confianza (IC) al 95% de 5.5–6.9 tras ajustar por edad, sexo, educación, ser o no inmigrante y enfermedades psiquiátricas concomitantes. El 87% de los pacientes de este grupo de alto riesgo que finalmente se suicidaron lo hicieron en el año posterior al intento inicial. Métodos de menor riesgo, comparables con el envenenamiento, fueron incisiones, perforación o asfixia con gas. Los métodos de ahogamiento, empleo de armas de fuego o defenestración se acompañaron de riesgo intermedio (con tasas de suicidio consumado mayores que el envenenamiento).

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Los trastornos psiquiátricos que se asociaron de forma independiente con la consumación del suicidio fueron el trastorno psicótico (HR, 2.5; IC 95%, 2.2–2.8) y el trastorno afectivo (HR, 1.5; IC 95%, 1.4–1.6). La mayoría de los pacientes que se suicidaron posteriormente utilizaron el mismo método que en el intento inicial. Los métodos que con mayor frecuencia se volvieron a usar con éxito tras un intento inicial fueron ahorcamiento, ahogamiento, uso de un arma de fuego (sólo en varones) y defenestración.

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Entre los puntos fuertes del estudio se incluye el exhaustivo registro de datos utilizado. Algunos pacientes con intentos de suicidio menos graves pueden no haber buscado asistencia ni haber sido hospitalizados y, por lo tanto, tal vez haya existido un sesgo en esta cohorte hacia aquellos con enfermedades más graves o intentos serios. Además, las enfermedades psiquiátricas concomitantes y los métodos de suicidio en Suecia pueden ser diferentes a los observados en otros países, lo que dificultaría la generalización de estos datos entre culturas.

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Este interesante ...

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