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Las crisis psicógenas no epilépticas son un importante trastorno al que se enfrentan neurólogos y otros médicos, tanto en el ámbito hospitalario como en el extrahospitalario. Estas crisis no son causadas por anomalías de la actividad eléctrica cerebral, sino que se consideran un trastorno psiquiátrico de conversión. Lamentablemente, en muchos casos puede ser difícil distinguirlas de las crisis epilépticas, de manera que a menudo se trata a estos pacientes con anticonvulsivos y se les expone a la morbilidad de la utilización prolongada de estos fármacos. La prueba de referencia que se utiliza para distinguir las crisis psicógenas de verdaderas crisis epilépticas es la monitorización mediante videoelectroencefalografía (VEEG), un procedimiento que requiere grandes recursos  y que no suele estar disponible fuera de los grandes centros. Un reciente estudio (Syed et al., 2011) se propuso analizar si existían características clínicas que permitieran un diagnóstico fiable.

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Se incluyó de manera prospectiva a pacientes que acudían a un centro terciario para la realización de una VEEG y se registraron minuciosamente las características clínicas de las crisis tanto psicógenas como epilépticas. Para definir esas características clínicas, los vídeos de las crisis fueron revisados por epileptólogos que desconocían el diagnóstico EEG. Se utilizaron de antemano tres criterios para acotar 48 posibles signos de diferenciación: 1) el signo tenía que ser más prevalente en un tipo de crisis que en el otro según la bibliografía; 2) debía comprobarse que el signo estudiado presentara una sensibilidad o especificidad de al menos 80% y una sensibilidad y especificidad de al menos 50%; y 3) en la cohorte, el signo tenía que estar asociado de forma estadísticamente significativa (p < .05) con su subtipo de crisis. Además, los signos considerados predictivos tenían que ser validados posteriormente en una cohorte independiente y debían cumplir de nuevo todos estos criterios.

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Se registraron 120 crisis (36 psicógenas no epilépticas, 48 epilépticas) en 35 sujetos de la cohorte primaria, validada después en otros 36 subjetos. Se observó que 6 signos cumplían todos los criterios en ambas cohortes, incluyendo 3 signos diagnósticos de crisis psicógena (“conservación de la conciencia”, “aleteo ocular” y “posible intensificación o alivio por los espectadores”) y 3 de crisis epilépticas (“inicio súbito”, “apertura de los ojos y dilatación pupilar” y “confusión o sueño” poscríticos). No se observó que fueran diagnósticos los otros 42 signos estudiados, varios de los cuales, como el cierre forzado de los ojos, los movimientos pélvicos de empuje, la típica aura epiléptica y los movimientos no sincrónicos, se suelen considerar útiles.

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Posteriormente, se intentó determinar si los testigos oculares identificados por el paciente, generalmente familiares en primer grado o compañeros de cuarto, podían informar de manera fiable sobre los 48 signos cuando se les preguntaba sobre las crisis de los pacientes en casa. La información de los testigos oculares se contrastó con la presentación de las crisis en los vídeos y se consideró que era correcta si se observaba la conducta informada aun en una sola crisis. Los 6 signos documentados que mejor diferenciaron los dos tipos de crisis fueron notificados incorrectamente en el 37–62% de los sujetos y, por lo tanto, la descripción de los testigos no resultó ser un indicador sensible ni específico del diagnóstico ...

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