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Introducción

La sangre es un elemento líquido vital en constante circulación; su volumen constituye 7% del peso corporal y desempeña innumerables funciones. Las venas, las arterias y los capilares por los que normalmente fluye permiten el paso controlado de líquidos, gases y elementos figurados; la salida sin control de la sangre constituye una hemorragia, que puede ser arterial, venosa o capilar. Cualquier hemorragia desencadena una cascada de fenómenos fisicoquímicos tendientes a corregir el problema, lo que se conoce como hemostasia. Los objetivos de este proceso son dos: hacer que la sangre se haga sólida, es decir que se coagule, y ocluir la salida y reparar el daño del vaso. La hemostasia se puede mejorar apoyando el proceso en cualesquiera de sus pasos y es un elemento fundamental en cirugía.

Biología de la coagulación

El primer fenómeno es la vasoconstricción, que se produce por la contracción de las fibras musculares lisas de los vasos cuya luz se estrecha; las plaquetas se acumulan de inmediato, empiezan a formar un trombo (tapón) y en minutos se constituye una red de proteínas que se solidifican y forman la llamada red de fibrina, donde además de las plaquetas también se atrapan glóbulos rojos y blancos que forman el coágulo. La cascada de la coagulación está integrada por 13 factores enzimáticos principales que interactúan uno sobre el otro hasta obtener la fibrina y el coágulo. Los factores se conocen por números romanos y además por nombres propios. Algunos de ellos se encuentran en la sangre (intrínsecos) y otros en los tejidos (extrínsecos) (cuadro 18-1).

Cuadro 18-1.

Factores de la coagulación

El fibrinógeno (factor I) es el antecedente líquido de la fibrina; en cuanto se rompe un vaso, los factores enzimáticos que están en los tejidos (tisulares o extrínsecos) ...

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