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INTRODUCCIÓN

El análisis epidemiológico de una población grande reporta que alrededor de una de cada 30 (3.2%) personas en Estados Unidos (más de 8.5 millones de individuos) en la actualidad está afectada por enfermedades autoinmunes. La enfermedad de Graves, la diabetes tipo 1, la anemia perniciosa, artritis reumatoide, tiroiditis de Hashimoto y vitiligo son las más prevalecientes de esas enfermedades; explican 93% de los individuos afectados. Un enfoque más mundial para calcular la prevalencia llevó a un estimado corregido de que 7.6 a 9.4% de la población mundial está afectado por enfermedades autoinmunes (2.5 de cada 30 personas en todo el mundo).

Tradicionalmente se ha considerado que estas enfermedades autoinmunes forman un espectro. En un extremo se encuentran enfermedades órgano-específicas con blancos específicos para órgano. La tiroiditis de Hashimoto es un ejemplo en el cual una lesión específica afecta la tiroides (infiltración linfocítica, destrucción de células foliculares) y se producen autoanticuerpos con especificidad absoluta para proteínas tiroideas. En el otro extremo del espectro están las enfermedades autoinmunes sistémicas, que pertenecen a grandes rasgos a la clase de trastornos reumatológicos. El lupus eritematoso sistémico es un ejemplo de una enfermedad caracterizada por cambios anatomopatológicos difundidos, y un conjunto de autoanticuerpos contra DNA y otros constituyentes nucleares de todas las células. Muchas enfermedades autoinmunes órgano-específicas son endocrinopatías autoinmunes. Además, casi todas las glándulas endocrinas están sujetas a ataque autoinmune, incluso las suprarrenales (enfermedad de Addison autoinmune), las gónadas (ooforitis autoinmune), el páncreas (diabetes tipo 1), la hipófisis (hipofisitis autoinmune) y la tiroides (enfermedad tiroidea autoinmune) (cuadro 2-1).

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