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Consideraciones anatómicas

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La conjuntiva es una capa mucosa que recubre la porción externa del globo ocular y la cara interna de los párpados. Su función es protectora y lubricante; constituye una barrera contra las infecciones externas y genera moco en cantidad suficiente para permitir el deslizamiento palpebral.

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Al microscopio se reconocen dos capas: la externa (adenoide y vascular), donde se encuentra la mayoría de las células productoras de moco y los vasos sanguíneos, y su cara interna, capa fibrosa, que en algunos sitios se adhiere a planos más profundos.

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Para fines de exploración, la conjuntiva comprende dos sectores: la CONJUNTIVA BULBAR que recubre el globo ocular, y la CONJUNTIVA TARSAL, que recubre el tarso (cartílago palpebral que da consistencia a los párpados).

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La conjuntiva tarsal, por tanto, recubre la cara interna de los párpados. La conjuntiva bulbar se inserta en los 360° alrededor de la córnea, en la zona denominada LIMBO ESCLEROCORNEAL. En este sitio la conjuntiva bulbar tiene una adherencia firme, de ahí se prolonga cubriendo toda la esclera en su porción anterior hasta su unión con el nacimiento interno del párpado en la zona conocida como FONDO DE SACO CONJUNTIVAL, donde vuelve a tener adherencias con las capas profundas. Esta última adherencia es menos firme, lo que permite un movimiento ocular funcional. La conjuntiva de los fondos de saco se refleja para cubrir la cara interna palpebral, transformándose en conjuntiva tarsal. En ella, las adherencias con capas profundas son múltiples e íntimas, que le brindan una consistencia lisa y uniforme. La conjuntiva tarsal se dirige de los fondos de saco al borde libre del párpado y termina en el nacimiento de las pestañas, donde se transforma histológicamente de un epitelio estratificado no queratinizado a un epitelio queratinizado.

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Vascularización conjuntival

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Los vasos conjuntivales nacen de los fondos de saco, corren a través de la conjuntiva bulbar en sus capas superficiales y profundas, se dicotomizan en su trayecto y se adelgazan hacia la región límbica. En ella, las capas profundas se anastomosan con los vasos epiesclerales profundos. Esta distribución de la vascularización conjuntival tiene implicaciones clínicas, ya que cuando un estímulo externo infeccioso o inflamatorio irrita la conjuntiva, se presenta un grado variable de dilatación y estasis vascular que da como consecuencia un ojo rojo en donde el aspecto será dilatación vascular más importante en la periferia con escasa o nula hiperemia alrededor de la córnea. Este hecho es de gran significación clínica, pues permite diferenciar por el simple aspecto del ojo rojo si se trata de una conjuntivitis o de otras alteraciones más profundas que pueden representar problemas de tratamiento más especializado (Fig. 8-1).

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Fig. 8-1.

Hiperemia conjuntival. En las afecciones superficiales, la vascularización de la conjuntiva se hace notable con predominio de hiperemia periférica. La vascularización alrededor de la córnea se ve un tanto inalterada.

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