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Generalidades

La función esencial del tejido nervioso es la comunicación, que depende de la capacidad de las células nerviosas para recibir estímulos (excitabilidad) y la propiedad de transmitir la excitación resultante desde un punto hasta otro (conductividad). En consecuencia, relaciona los ambientes interno y externo, que se analizan e integran para producir respuestas coordinadas. El tejido nervioso posee una organización estructural y complejidad funcional tan específicas, que se lo conoce habitualmente como sistema nervioso.

A pesar de la complejidad de sus funciones, en el plano histológico el sistema nervioso dispone tan sólo de dos tipos de células específicas: las células nerviosas o neuronas y las células gliales o neuróglicas. Sólo las neuronas intervienen de forma directa en los procesos informativos. Las células gliales se vinculan con los vasos sanguíneos y el tejido conectivo, los cuales pertenecen a la parte inespecífica del sistema nervioso y sus funciones son exclusivamente metabólicas o mecánicas.

El sistema nervioso se divide desde el punto de vista anatómico en sistema nervioso central (SNC), que comprende el encéfalo y la médula espinal, y sistema nervioso periférico (SNP), formado por todo el tejido nervioso situado fuera del SNC (fig. 8-1).

Figura 8-1.

Esquema que ilustra los componentes del sistema nervioso: sistema nervioso central (SNC) y sistema nervioso periférico (SNP).

Histogénesis del tejido nervioso

El tejido nervioso se desarrolla a partir de la placa neural, la cual procede del ectodermo dorsal; luego se invagina y forma el surco neural, que después se cierra y da lugar al tubo neural primitivo (fig. 8-2A y B), cuya luz se conserva para constituir el canal ependimario. De los extremos dorsales y laterales surgen las crestas neurales, cuyas células dan origen a los elementos que conforman a las estructuras y órganos del sistema nervioso periférico.

Figura 8-2.

A. Representación del proceso de formación del tubo neural y cresta neural. B. Micrografía que muestra la epidermis (1) y el tubo neural en formación (2) con el surco neural (3). Microscopia electrónica de barrido.

La pared del tubo neural se integra con células neurogerminativas, que se diferencian en células neuroepiteliales, situadas en la capa media para conformar dos líneas celulares: los neuroblastos y los espongioblastos libres. Los primeros desarrollan al final neuronas y los segundos producen, por un lado, a los astroblastos (que forman a los astrocitos protoplásmicos y fibrosos) y, por el otro, a los oligodendroblastos (de los que proceden los oligodendrocitos). Existe otro elemento celular que se identifica en el tejido nervioso y que recibe el nombre de células de Río-Hortega o microglia, la cual posee un origen mesenquimatoso...

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