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INTRODUCCIÓN

La zona inferior del aparato reproductor de la mujer, compuesta por vulva, vagina y cuello uterino, es asiento de muy diversos trastornos benignos y neoplásicos, pero es frecuente que haya “traslape” entre las características de todas las entidades patológicas, de tal forma que a veces es muy difícil diferenciar las variantes normales, de las enfermedades benignas y de las lesiones que pueden ser graves. Son frecuentes las lesiones benignas de la zona inferior del aparato reproductor y es esencial conocer a fondo las características que las identifican y también el tratamiento de los cuadros clínicos. Este capítulo destaca los trastornos que se hallan con mayor frecuencia.

LESIONES VULVARES

La piel de la vulva es más permeable que la de los tejidos vecinos, porque posee diferencias de estructura, hidratación, oclusión y susceptibilidad a la fricción (Farage, 2004). Como consecuencia, muchas veces surgen alteraciones en dicha zona, aunque es difícil calcular su frecuencia porque las mujeres no notifican tal problema cada vez que ocurre y el médico diagnostica de manera errónea. Las lesiones pueden ser consecuencia de infecciones, traumatismos, neoplasias o respuestas inmunitarias. Por consiguiente, las manifestaciones de tales alteraciones pueden ser agudas o crónicas e incluir a veces dolor, prurito, dispareunia, hemorragia y secreción. Se cuenta con tratamientos eficaces contra muchos de los trastornos en cuestión, pero la vergüenza y el miedo de las pacientes pueden ser obstáculos notables en la atención de muchos casos.

Consulta inicial en casos de vulvopatías

En la consulta inicial, el médico tranquiliza verbalmente a la mujer al señalarle que sus manifestaciones serán estudiadas con todo detalle. Las pacientes suelen prestarles poca importancia a aquéllas y a veces se sienten incómodas al describir sus síntomas. Las personas con cuadros crónicos pueden mencionar “historias viejas” de entidades patológicas muy diversas y tratamientos que han recibido de variados profesionales de la salud y, a veces, expresan frustración y duda de que puedan aliviarse de su mal. Es importante no prometerles curación sino destacar que se harán todos los intentos para aliviar los síntomas; ello obliga a veces a múltiples visitas e intentos terapéuticos y posiblemente una estrategia multidisciplinaria. La “alianza” entre la mujer y el médico para la creación de una estrategia de tratamiento mejora el cumplimiento de las órdenes terapéuticas y la satisfacción con la atención recibida.

La orientación (o consejo) debe incluir comentarios de los diagnósticos que el médico entrevió, el plan terapéutico actual y los cuidados necesarios de la piel de la vulva. Son útiles los materiales impresos que describen situaciones frecuentes, uso de fármacos y cuidados de la piel. Las mujeres a menudo se tranquilizan al saber que sus molestias y trastornos no son exclusivos de ellas. Por tal razón, casi siempre agradecen la asesoría para participar en algunos sitios de redes específicas ...

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