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INTRODUCCIÓN

En ocasiones, el embarazo y el puerperio representan un estrés tal que provocan una enfermedad mental. Esta enfermedad puede constituir la recurrencia o exacerbación de un trastorno psiquiátrico previo o indicar el principio de una enfermedad nueva. Los trastornos psiquiátricos durante el embarazo se han asociado a un cuidado prenatal deficiente, abuso de sustancias, malos desenlaces obstétricos o con el lactante y riesgos más altos de enfermedad psiquiátrica en el puerperio (Frieder, 2008). En un estudio sueco sobre embarazadas en las que se identificaron trastornos psiquiátricos, Andersson et al. (2003) observaron que más del 80% tenía trastornos del estado de ánimo. Según la Agency for Healthcare Research and Quality, la prevalencia de cualquier trastorno depresivo durante el embarazo en Estados Unidos es de 18% (Yonkers, 2011). Por desgracia, la mayoría de esas mujeres no son tratadas. En el estudio sueco mencionado antes, sólo 5% de esa fracción recibía algún tipo de tratamiento.

En Estados Unidos el suicidio es la quinta causa de muerte entre mujeres durante el periodo perinatal, y la depresión grave está entre los factores pronóstico más potentes de ideación suicida (Melville, 2010). Tanto en el Reino Unido como en Australia, las enfermedades psiquiátricas constituyen una causa importante de mortalidad en las muertes maternas tardías (las que ocurren entre los 43 y 365 días posparto) (Austin, 2007). El suicidio por algún medio violento fue la causa de 65% de estas muertes. En un análisis de casos con grupo testigo de las hospitalizaciones en el estado de Washington, que duró 10 años, Comtois et al. (2008) estudiaron a 355 mujeres con un intento de suicidio posparto. Los factores de riesgo principales fueron las hospitalizaciones previas por algún diagnóstico psiquiátrico (27 veces) y por abuso de sustancias (seis veces). Estas cifras eran mayores cuando las hospitalizaciones eran múltiples.

ADAPTACIÓN PSICOLÓGICA AL EMBARAZO

Diversos factores bioquímicos, incluidos los efectos hormonales, así como factores estresantes de la vida, influyen de forma considerable en las enfermedades mentales. Entonces, puede intuirse que la gestación exacerba algunos trastornos mentales coexistentes. Sin duda, aumenta el riesgo de padecer trastornos del estado de ánimo por los cambios en las concentraciones de esteroides sexuales y neurotransmisores de monoamina, relacionados con el embarazo; disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal; disfunción tiroidea, y alteraciones en la respuesta inmunitaria (Yonkers, 2011). Estos cambios, aunados a la evidencia de proclividad familiar a la depresión, sugieren que puede haber un subgrupo de mujeres en riesgo de padecer un trastorno depresivo unipolar mayor durante el embarazo.

Las mujeres responden de maneras diversas a los factores estresantes del embarazo y algunas expresan preocupaciones persistentes por la salud del feto, los cuidados del lactante, los cambios en el estilo de vida o su temor al dolor durante el parto. Son frecuentes la ansiedad, los trastornos del sueño y el deterioro funcional (Morewitz, 2003; Romero, 2014; Vythilingum, 2008). Sin embargo, según Littleton et al. (2007), la ansiedad ...

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