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INTRODUCCIÓN

En el pasado, las infecciones fueron una causa sustancial de morbilidad y mortalidad maternas y fetales en todo el mundo, lo cual se ha sostenido hasta el siglo XXI. La singular conexión vascular maternofetal en algunos casos sirve para proteger al feto de los agentes infecciosos, pero en otros casos representa un conducto para la transmisión al feto. El estado serológico materno, la edad gestacional al momento de contraer la infección, el modo de adquisición y el estado inmunitario de madre y feto influyen en el resultado de la enfermedad.

INMUNOLOGÍA MATERNA Y FETAL

Cambios inmunitarios inducidos por el embarazo

Incluso después de estudios intensivos, muchas de las adaptaciones inmunitarias maternas al embarazo aún no se dilucidan del todo. El embarazo se relaciona con un aumento de las células T CD4+ secretoras de citocinas tipo Th2, como las interleucinas 4, 5, 10 y 13. La producción de citocinas de tipo Th1, como el interferón γ y la interleucina 2, parece estar suprimida, lo que conduce a un sesgo de Th2 en el embarazo. Esta tendencia afecta la capacidad para eliminar con rapidez ciertos patógenos durante el embarazo, aunque se desconocen las implicaciones clínicas de esta supresión (Jamieson, 2006a; Raghupathy, 2001; Svensson-Arvelund, 2014). Un rasgo importante es que la reacción inmunitaria humoral Th2 permanece intacta.

Inmunología fetal y neonatal

La activa capacidad inmunitaria del feto y el recién nacido está comprometida en comparación con la de niños mayores y adultos. No obstante, la inmunidad fetal mediada por células y la humoral comienzan a desarrollarse entre las nueve y 15 semanas de gestación (Warner, 2010). La principal respuesta fetal a la infección es la inmunoglobulina M (IgM). La inmunidad pasiva depende de la IgG transferida por la placenta. A las 16 semanas, esta transferencia comienza a aumentar con rapidez y a las 26 semanas las concentraciones fetales son equivalentes a las de la madre. Después del nacimiento, el amamantamiento protege contra algunas infecciones, aunque su protección empieza a declinar a los dos meses de edad. Las recomendaciones de la Current World Health Organization (2013) son el amamantamiento exclusivo los primeros seis meses de edad con lactancia parcial hasta los dos años de edad.

La transmisión vertical se refiere al paso de un agente infeccioso de la madre al feto a través de la placenta, durante el trabajo de parto o el parto, o por amamantamiento. Por lo tanto, la rotura prematura de membranas, el trabajo de parto prolongado y las manipulaciones obstétricas elevan el riesgo de causar infección neonatal. Las que se producen menos de 72 h después del nacimiento casi siempre se deben a bacterias adquiridas en el útero o durante el parto, mientras que es más probable que las infecciones que se manifiestan después de ese periodo se contraigan posteriormente. El cuadro 64-1 caracteriza las infecciones específicas por modo y ...

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