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INTRODUCCIÓN

Las tumoraciones en el cuello constituyen un problema frecuente en niños que son llevados al servicio de urgencias. De ellas, 90% son benignas.1 En la región de la cabeza y el cuello de los menores, la mayor parte de las tumoraciones son de tipo congénito, inflamatorio y canceroso.2,3 En este capítulo se abordan las tumoraciones en el cuello de los niños y se describe una estrategia simplificada para su diagnóstico clínico y tratamiento.

Las tumoraciones en el cuello se clasifican según el sitio anatómico en que aparecen (fig. 118-1), o por su arquitectura histopatológica. El cuadro 118-1 muestra una estrategia combinada, que es práctica en el servicio de urgencias.

FIGURA 118-1.

Anatomía del cuello y triángulos cervicales.

CUADRO 118-1

Tumoraciones del cuello en niños

TUMORACIONES INFLAMATORIAS

PRESENTACIONES Y GENERALIDADES

Las tumoraciones en el cuello, incluso si no causan síntomas y se les identifica de modo accidental, despiertan gran preocupación al personal asistencial. Algunas de tipo inflamatorio progresan en forma gradual, en tanto que otras evolucionan con rapidez. Es importante diferenciar entre las causas infecciosas y las no infecciosas. Los síntomas acompañantes, como fiebre, escalofríos, dolor, infecciones recientes de vías respiratorias o tubo digestivo, ayudan a identificar infecciones. También sugieren dicho diagnóstico el antecedente familiar de enfermedades y contactos con enfermos, exposición a animales domésticos (en particular, gatos) y alimentación (exposición a carne mal cocida). Es importante conocer el estado de inmunidad (vacunaciones). En la exploración se observará el tamaño, el sitio y la consistencia de la tumoración, el color de la piel que la cubre, su relación con estructuras subyacentes, su movilidad y si duele al tacto o es caliente, firme, coriácea o fluctuante. Los ganglios linfáticos reactivos de tipo benigno por lo común son móviles, de consistencia firme, no adheridos a planos inferiores y apenas si duelen al tacto; las tumoraciones quísticas por lo regular son blandas, “desplazables” y móviles, en tanto que las lesiones malignas a menudo son duras, no duelen y pueden estar fijas a estructuras más profundas y, por consiguiente, no se mueven.

Los estudios diagnósticos que se ...

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