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INTRODUCCIÓN

Los hongos son causa frecuente de exposición tóxica; en 2004 se informaron más de 8 600 exposiciones a hongos tóxicos y cinco muertes en los centros para control de tóxicos.1 Más de 77% de estas ingestiones no es intencional y >50% ocurre en niños <6 años de edad. Por fortuna, la mayor parte de las exposiciones a hongos informadas tiene un resultado benigno.2,3 El factor más importante para prevenir la intoxicación por hongos es evitar la ingestión de hongos silvestres. No hay diferencias fáciles de reconocer entre los tóxicos y los no tóxicos. Las toxinas de los hongos no son termolábiles, por lo que no se destruyen ni desactivan con la cocción, enlatado, congelación, desecación ni otros medios de preparación de alimentos.

Según sea el tipo de hongo, los efectos adversos de la ingestión varían desde síntomas gastrointestinales (GI) leves hasta efectos citotóxicos graves que causan falla orgánica y muerte. La toxicidad también varía con la cantidad ingerida, la edad del hongo, la estación, la región geográfica y la manera en que se prepara el hongo antes de ingerirlo. Además, la respuesta personal a la ingestión de cualquier hongo determinado es variable, por lo que es posible que un individuo tenga efectos graves, mientras que otro permanece asintomático después de ingerir el mismo hongo (cuadro 214-1).

CUADRO 214-1

Hongos: síntomas, toxicidad y tratamiento

La toxicidad por hongos se divide en toxicidad temprana (en las 2 h siguientes ...

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