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1. Atención de la insuficiencia respiratoria aguda

La función principal del sistema respiratorio es mantener un adecuado intercambio gaseoso. Cuando el sistema respiratorio falla se presenta hipoxemia, que es la disminución de la presión parcial de oxígeno en la sangre (PaO2 < 80 mmHg, a nivel del mar, con una FiO2 del 21%) con o sin hipercapnia (PaCO2 > 45 mmHg). En general, la insuficiencia respiratoria se clasifica en dos tipos:

  • Tipo I (hipóxica): se caracteriza por una PaO2 <50 mmHg con una FiO2 de 50%.

  • Tipo II (hipercápnica): se caracteriza como una falla ventilatoria aguda o crítica con cambios estructurales (broncodisplasia pulmonar, fibrosis quística, etcétera).

En el paciente pediátrico se observan características anatómicas y fisiológicas específicas en comparación con un paciente adulto, como es una capacidad residual funcional menor, una vía respiratoria de menor calibre, e inmadurez del sistema respiratorio, entre otras. Al fallar, el sistema respiratorio se manifiesta en el terreno clínico con dificultad respiratoria, que varía de acuerdo con su gravedad, con las siguientes manifestaciones clínicas:

  • Taquipnea.

  • Taquicardia.

  • Aumento del trabajo respiratorio (aleteo nasal, tiraje intercostal, subcostal, supraclavicular, disociación toracoabdominal).

  • Ruidos respiratorios anormales (estridor, crepitancias, sibilancias, estridor, etcétera).

  • Cambios en el estado mental.

  • Extremidades frías y pálidas.

La manifestación crítica se presenta cuando se convierte en insuficiencia respiratoria, que constituye un estado de oxigenación o ventilación inadecuado, y que representa el estadio final de la dificultad respiratoria.

  • Taquipnea marcada.

  • Bradipnea, apnea.

  • Bradicardia.

  • Esfuerzo respiratorio aumentado, disminuido o ausente.

  • Cianosis.

  • Estupor o coma.

Las causas más comunes en pediatría se dividen en:

  1. Obstrucción de vías respiratorias superiores (cuerpos extraños, crup, epiglotitis, hipertrofia amigdalina, anafilaxia, etcétera).

  2. Obstrucción de vías respiratorias inferiores (asma, bronquiolitis, etcétera).

  3. Enfermedades del parénquima pulmonar (neumonía, edema de pulmón, SDRA, etcétera).

  4. Trastornos en el control de la ventilación (tumores del SNC, neuroinfección, TCE, enfermedades neuromusculares, etcétera).

Causas cardiovasculares (bradicardia, taquicardia, hipertensión, hipotensión, choque de cualquier etiología) que provoquen modificaciones del flujo sanguíneo pulmonar. oximetría de pulso para determinar la saturación periférica. Si se requiere una valoración más amplia, se efectúa una radiografía de tórax en búsqueda de imágenes anormales (infiltrados, condensaciones, sobredistensión pulmonar, atelectasias, etc.), así como una gasometría arterial. En el cuadro III.6-1 se muestran los valores gasométricos para realizar un estudio de oxigenación y ventilación en el paciente.

Cuadro III.6-1

Valores gasométricos para determinar estado ventilatorio y de oxigenación.

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