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INTRODUCCIÓN

La terminología utilizada para analizar la farmacodependencia, así como el abuso de drogas y la drogadicción ha sido confusa desde hace tiempo. La confusión se deriva del hecho de que el uso reiterado de ciertos fármacos de prescripción puede producir cambios neuroplásticos que ocasionan dos estados anormales distintos. El primero es la dependencia, que en ocasiones se denomina “dependencia física” y que surge cuando hay una adaptación farmacológica progresiva al medicamento, lo que da origen a tolerancia. En el estado de tolerancia, la repetición de la misma dosis de un fármaco produce un efecto menor. Si se interrumpe en forma súbita el fármaco, sobreviene un síndrome de abstinencia en el cual las respuestas de adaptación ya no tienen oposición por la acción del medicamento. Por eso, los síntomas de abstinencia son contrarios a los efectos originales del fármaco. La aparición de síntomas de abstinencia es el signo cardinal de la dependencia “física”. Definida de esta forma, la dependencia puede ocurrir con el uso de opioides, bloqueadores β, antidepresivos, benzodiazepinas y estimulantes, incluso cuando se esté siguiendo al pie de la letra la prescripción con fines terapéuticos. El estado de dependencia “física” es una respuesta normal, que se puede tratar con facilidad al reducir de manera gradual la dosis del fármaco y no es en sí misma un signo de adicción.

El segundo estado anormal que puede surgir con el uso repetido de un fármaco aparece sólo en una pequeña minoría de personas que inician la administración de un medicamento, y conduce en forma progresiva a un uso compulsivo y sin control del fármaco. Por desgracia, en 1987 la American Psychiatric Association (APA) decidió utilizar la palabra “dependencia” para definir el estado de uso descontrolado de un fármaco o sustancia, estado que se conoce más a menudo como adicción. La palabra “adicción en ese tiempo se consideraba peyorativa y, por tanto, debía evitarse. La consecuencia en estas últimas dos décadas es una confusión entre dependencia como una respuesta normal y dependencia como adicción. La nueva versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V) que se publicará en 2012 corregirá esta confusión.

Esta distinción entre dependencia y adicción es importante porque los pacientes con dolor en ocasiones son privados de una medicación adecuada con opioides tan sólo porque muestran datos de tolerancia o porque tienen síntomas de abstinencia si se suspende el analgésico o si la dosis se reduce en forma abrupta.

La neurociencia moderna ha permitido comprender mucho mejor los fenómenos de la adicción. Con modelos animales y estudios de imágenes del encéfalo humano, así como observaciones clínicas, la adicción puede definirse, en esencia, como una forma de adaptación inadecuada de la memoria. Inicia con el consumo de sustancias (p. ej., cocaína) o con conductas (p. ej., el impulso de apostar) que activan de manera directa e intensa los circuitos encefálicos de recompensa. La activación de estos circuitos motiva una ...

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