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INTRODUCCIÓN

Existen 200 000 especies conocidas de hongos y se calcula que el número total de ellas en el reino Fungi rebasa el millón. Los residentes del reino son muy diversos y comprenden levaduras, mohos, hongos, zetas, los patógenos Aspergillus fumigatus y Candida albicans, y la fuente de la penicilina, Penicillum chrysogenum. Por fortuna sólo ~400 hongos producen enfermedad en los animales e incluso menos son causa de enfermedades humanas importantes. Sin embargo, las infecciones micóticas se están volviendo cada vez más frecuentes: los pacientes con SIDA y los que tienen alteraciones del sistema inmunitario a causa de farmacoterapia son muy susceptibles a las infecciones micóticas. Los hongos son eucariotas con paredes celulares únicas que contienen glucanos y quitina y para su erradicación se necesitan diversos métodos diferentes a los que se aplican en el tratamiento de las infecciones bacterianas. Los antimicóticos disponibles tienen efectos sobre la síntesis de membrana y los componentes de la pared celular, la permeabilidad de la membrana, la síntesis de ácidos nucleicos y la función del microtúbulo y el huso mitótico (fig. 57-1).

Figura 57-1.

Puntos de acción de los fármacos antimicóticos. La anfotericina B y otros polienos, como la nistatina, se unen al ergosterol en las membranas de la célula micótica e incrementan la permeabilidad de la membrana. Los imidazoles y los triazoles, como el itraconazol y el fluconazol, inhiben a la 14-α-esterol desmetilasa, evitan la síntesis de ergosterol y dan lugar a la acumulación de 14-α-metilesteroles. Las alilaminas como la naftifina y la terbinafina, inhiben la escualeno epoxidasa e impiden la síntesis de ergosterol. Las equinocandinas como la caspofungina, inhiben la formación de glucanos en la pared de la célula micótica.

Los antimicóticos descritos en este capítulo se describen bajo dos encabezamientos principales, sistémicos y tópicos, aunque esta diferenciación es un poco arbitraria. Los antimicóticos imidazólicos, triazólicos y poliénicos se pueden utilizar por vía sistémica o tópica y muchas micosis superficiales se pueden tratar por vía sistémica o tópica.

Aunque Pneumocystis jiroveci, que interviene en la neumonía potencialmente letal de pacientes con inmunodeficiencia, es un hongo y no un protozoario. Su tratamiento se describe en otra parte, pues los fármacos que se utilizan son principalmente antibacterianos o antiprotozoarios más que antimicóticos.

Los principales laboratorios farmacéuticos han cancelado sus programas de desarrollo de antimicóticos aunque algunas compañías pequeñas siguen fomentando la investigación en este campo. Por consiguiente, el futuro inmediato en este campo posiblemente se limita a la expansión de la experiencia con los compuestos existentes (cuadro 57-1). Los antimicóticos sistémicos más recientes que llegaron a la etapa de desarrollo clínico, posaconazol e isavuconazol (en estudios de fase III en Estados Unidos) son triazoles.

Cuadro 57-1

Farmacoterapia de las micosis

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