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INTRODUCCIÓN

Las calamidades farmacéuticas son un problema oneroso, trátese del medicamento equivocado o de la dosis o el plan posológico, indicados, surtidos o administrados de manera desacertada. Los errores de este tipo se presentan debido a la intervención del ser humano y tales errores pueden evitarse sólo mediante sistemas que dificultan equivocarse. Este apéndice intenta servir de incentivo para la elaboración precisa de recetas y señalamiento de órdenes posológicas y constituir un recurso útil para la atención farmacológica eficaz de los pacientes.

ELEMENTOS PARA LA ELABORACIÓN DE LA RECETA

Historia

Hace algunos decenios las medicinas se hacían de múltiples ingredientes que obligaban a una preparación compleja y por ello se adoptó el latín como la lengua corriente en este terreno, para asegurar la regularidad de las composiciones y que el médico y el farmacéutico se entendieran. El latín ha dejado de ser el lenguaje internacional de la medicina, pero quedan algunas abreviaturas de su antiguo empleo. El símbolo Rx, según se dice, es una abreviatura del vocablo latino recipere, que significa “tomar” o “toma esto” como instrucción al farmacéutico y precedía a la “receta” que el médico daba para preparar un medicamento. Lo que se sabe es que la abreviatura “Sig” proviene del latín “Signatura” se usó en la receta para indicar las instrucciones de administración del medicamento.

Práctica actual

En diversos países la receta consiste en un superscripto, el inscripto, el suscripto, el signa y el nombre y firma de quien receta, todo dentro de una sola forma (fig. AI-1).

Figura AI-1

Ejemplo de receta. La receta debe ser preparada con enorme cuidado, para identificar al paciente y el fármaco que se le suministrará, y también la manera de administrarlo. Son esenciales la exactitud y la legibilidad. Es mejor no utilizar abreviaturas, particularmente las latinas, porque originan a veces errores en el despacho de la receta. Es posible evitar errores en esta fase si se incluye el objetivo por el cual se usa el fármaco, en el suscripto (p. ej., “para controlar la tensión arterial”). Por ejemplo, el uso de losartán para tratar la hipertensión por lo común obliga a usar 100 mg del fármaco/día (1.4 mg/kg de peso/día), en tanto que el tratamiento de la insuficiencia congestiva cardiaca con dicho antagonista del receptor de angiotensina II no debe exceder, en términos generales, de 50 mg/día. Incluir el objetivo por el que se elabora la receta también es útil para que los pacientes se organicen y conozcan sus medicamentos. Además, incluir el peso de la persona en la prescripción será útil para evitar errores de dosificación, en particular si el medicamento se administra a niños. (Nota: las subdivisiones de la receta señaladas en esta figura y usada en países de lengua inglesa tienen escasa aplicación [si es que la tienen], en países hispanohablantes.)

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