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Introducción

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Los seres vivos son el hábitat ideal en el que pueden crecer otros organismos. Por lo tanto, no es sorprendente que los animales estén sujetos a infecciones por virus, bacterias, protistas, hongos y parásitos. Los vertebrados desarrollaron varios mecanismos que les permiten reconocer y destruir estos agentes infecciosos. Como resultado, dichos organismos son capaces de desarrollar inmunidad contra los patógenos invasores. Ésta deriva de las actividades combinadas de muchas células diferentes, algunas de las cuales vigilan el cuerpo mientras que otras se concentran en órganos linfoides, como la médula ósea, el timo, el bazo y los ganglios linfáticos (fig. 17.1). En conjunto, estas células dispersas y órganos discretos forman el sistema inmunitario del cuerpo.

Figura 17.1

El sistema inmunitario de humanos incluye órganos linfoides como el timo, la médula ósea, el bazo, los ganglios linfáticos y células dispersas concentradas en placas en el interior del intestino delgado, el apéndice y las amígdalas. A menudo se han descrito al timo y a la médula ósea como el sistema inmunitario central por su participación fundamental en la diferenciación de los linfocitos. (Imagen tomada de Wessner, Microbiology, 1e, figura 20.4. John Wiley & Sons Publishers. Reimpresa con autorización de John Wiley & Sons, Inc.)

Las células del sistema inmunitario participan en un tipo de detección molecular mediante el cual reconocen macromoléculas “ajenas”, es decir, aquellas cuya estructura es diferente a la de las macromoléculas normales del cuerpo. Si se identifica material extraño, el sistema inmunitario establece un ataque específico y concertado contra éste. Las armas del sistema inmunitario comprenden: (1) células que destruyen o ingieren a otras células infectadas o afectadas y (2) proteínas solubles que neutralizan, inmovilizan, aglutinan o destruyen patógenos. A su vez, los patógenos desarrollan de manera constante mecanismos para evitar la destrucción inmunitaria. El hecho de que los seres humanos sufran diversas enfermedades infecciosas crónicas (como el sida [causado por un virus], la tuberculosis [causada por una bacteria] y el paludismo [causado por un protozoario]) ilustra que el sistema inmunitario no siempre tiene éxito para combatir estos patógenos microscópicos. Dicho sistema también participa en la lucha del cuerpo contra el cáncer, pero el grado en el que puede reconocer y matar a las células cancerosas aún es motivo de controversia; en algunos casos puede establecer una respuesta inapropiada que ataca a los propios tejidos del cuerpo. Como se explica en la sección “Perspectiva humana” de la página 724, estos incidentes pueden precipitar una enfermedad grave.

Es imposible abarcar todo el tema de la inmunidad en un solo capítulo. Este apartado se enfoca en varios aspectos seleccionados que ilustran los principios de la biología celular y molecular explicados en capítulos previos. Sin embargo, antes es ...

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