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INTRODUCCIÓN

ESTUDIO DEL PACIENTE Pérdida visual aguda o diplopía

Es muy importante medir con precisión la agudeza visual en cada ojo (con lentes). Además, deben examinarse pupilas, movimientos oculares, alineación ocular y campos visuales. La exploración con lámpara de hendidura permite excluir la posibilidad de infección corneal, traumatismo, glaucoma, uveítis y catarata. Para el examen oftalmoscópico con el fin de inspeccionar la papila y la retina, es necesario dilatar la pupila con topicamida al 1% y fenilefrina al 2.5%; el riesgo de provocar una crisis de glaucoma de ángulo cerrado es remota.

La definición del campo visual por medio de visualización digital permite ubicar las lesiones en éste (fig. 52-1); en algunos casos es necesario recurrir a una prueba formal con un perímetro. El objetivo es definir si la lesión se ubica por delante, en o por detrás del quiasma óptico. Un escotoma confinado a un ojo es secundario a una lesión anterior que afecta al nervio óptico o al globo ocular. La prueba mediante oscilación de la fuente de luz podría revelar un defecto pupilar aferente. Para establecer el diagnóstico casi siempre bastan la anamnesis y la exploración oftálmica. Cuando existe hemianopsia bitemporal, la lesión se ubica en el quiasma óptico (p. ej., adenoma hipofisario, meningioma). La pérdida de campos visuales homónimos indica una lesión retroquiasmática que se extiende a la vía óptica, el cuerpo geniculado lateral, las radiaciones ópticas o la corteza visual (p. ej., apoplejía, tumor, absceso). En cualquier paciente con hemianopsia bitemporal u homónima se recomienda realizar estudios de neuroimagen.

FIGURA 52-1

Defectos de los campos visuales por lesiones de las vías ópticas.

PÉRDIDA VISUAL TRANSITORIA O REPENTINA

La amaurosis fugaz (ceguera monocular transitoria; isquemia cerebral transitoria [TIA] de la retina) suele ser secundaria a embolia retiniana o a estenosis pronunciada de la carótida ipsilateral. La obstrucción prolongada de la arteria central de la retina provoca el aspecto clásico del fondo ocular con la retina infartada de aspecto lechoso y la fóvea color rojo cereza. Debe valorarse de inmediato a todo paciente con compromiso de la circulación retiniana, en busca de factores de riesgo de apoplejía (p. ej., ateroma carotídeo, cardiopatía, fibrilación auricular). Las lesiones de la corteza occipital pueden confundirse con amaurosis fugaz, puesto que muchos pacientes adscriben en forma errónea sus síntomas a uno de los ojos, cuando de hecho afectan al hemicampo derecho o izquierdo de ambos ojos. Cuando se interrumpe la circulación de la corteza visual, la visión se torna gris, en ocasiones con centelleos u otros síntomas que simulan migraña. En ocasiones, la anamnesis es la única guía para realizar un diagnóstico correcto. Debe interrogarse a los pacientes sobre el patrón y la duración precisos de la pérdida visual, así como respecto de otros síntomas neurológicos, en especial los de disfunción de circulación posterior como diplopía, ...

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