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INTRODUCCIÓN

Mantener permeable la vía respiratoria por medio de un acceso quirúrgico (incisión o introducción percutáneas) es un procedimiento difícil realizado en momentos de alto riesgo y con gran tensión emocional, cuando han fracasado las maniobras básicas para la permeabilización de las vías respiratorias. El aspecto fundamental es la preparación y la práctica, lo que significa contar con todo el equipo listo y disponible (a menudo en un carro común para asegurar la consistencia) y la práctica previa en situaciones de laboratorio si no se ha realizado el procedimiento en fecha reciente. Conocer las opciones disponibles y cuando elegirlas e implementarlas antes de que ocurra el colapso respiratorio mejora los resultados. Las tasas de éxito dependen en gran medida de la preparación del servicio de urgencias y de la capacitación del personal.1,2

La cricotirotomía quirúrgica se refiere la incisión sobre la membrana cricotiroidea bajo visualización directa con la introducción de una sonda de traqueostomía directamente a través de la incisión o utilizando la técnica de Seldinger. La cricotirotomía con aguja se refiere a la introducción de una aguja de calibre 12 a 16 hacia la tráquea y conectada con un dispositivo con bolsa-válvula u oxígeno de pared. Los autores no recomiendan la cricotirotomía con aguja. La ventilación transtraqueal percutánea a chorro utiliza un catéter de calibre 12 a 16 introducido en la membrana cricotiroidea y conectada a una fuente de oxígeno de alta presión (35 a 50 psi) para la oxigenación y ventilación.

SELECCIÓN DEL PACIENTE

La indicación principal para la colocación de una vía respiratoria quirúrgica es una situación de "incapacidad para intubar e incapacidad para ventilar". La mayor parte de las situaciones de urgencia relacionadas con la vía respiratoria quirúrgica se producen después de un intento fallido de permeabilizar la vía respiratoria por vía oral mediante la colocación de una sonda endotraqueal. La cricotirotomía o la ventilación a chorro pueden utilizarse antes de la laringoscopia y de la intubación glótica directa en caso de que esta última fracase por lesión anatómica o por otra causa que impida la visualización, sobre todo la presencia de sangre, secreciones, hinchazón o material extraño. No es necesario intentar la intubación una vez que se realiza la cricotirotomía; esto incrementa el riesgo de lesión.

La dificultad para mantener permeable la vía respiratoria puede deberse a alteraciones anatómicas (cuello corto en individuos con obesidad), estados patológicos (epiglotitis, edema laríngeo, parálisis de las cuerdas vocales o absceso retrofaríngeo) traumatismos por distorsión del cuello a causa de hematomas (fractura cervical o lesión vascular mayor), aspiración de sangre (traumatismo facial) o pérdida de las estructuras de sostén (fracturas mandibulares). Se valoran esos factores antes de intentar cualquier procedimiento laringoscópico, teniendo en mente el plan de crear una vía respiratoria por medios quirúrgicos; debe contarse con el equipo disponible a lado de la cama para el tratamiento de una insuficiencia respiratoria inminente o real.

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