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INTRODUCCIÓN

La frecuencia de lesiones relacionadas con frío depende del grado de exposición a éste y de factores ambientales e individuales. Las lesiones por congelamiento son el prototipo de las lesiones inducidas por frío; se observan sólo cuando la temperatura ambiental se encuentra por debajo del punto de fusión. Las lesiones por frío no relacionadas con congelamiento resultan de exposición a condiciones de humedad cuando las temperaturas se encuentran por arriba del punto de fusión. Las lesiones por frío más comunes no relacionadas con congelamiento son el pie de las trincheras y los sabañones. Las lesiones por congelamiento pueden ocasionar daño hístico permanente, mientras que las lesiones por frío no relacionadas con congelamiento se caracterizan por lesiones inflamatorias de la piel, leves pero incómodas. Este capítulo revisa la ocurrencia, factores de riesgo, tratamiento y prevención de las lesiones por frío no relacionadas con congelamiento (p. ej., pie de las trincheras e inmersión de pies, sabañones, paniculitis y urticaria por frío) y las lesiones por congelamiento.

LESIONES POR FRÍO SIN CONGELAMIENTO

PIE DE LAS TRINCHERAS

El pie de las trincheras y su variante más grave, el pie de inmersión, son poco comunes en civiles, aunque aún constituyen un problema importante en operaciones militares. La fisiopatología del pie de las trincheras es multifactorial; incluye una lesión directa a los tejidos blandos por el incremento sostenido y prolongado que se acelera por condiciones de humedad. Los nervios periféricos parecen ser los más sensibles a esta forma de lesión.

Los síntomas iniciales progresan desde la sensación de hormigueo hasta parestesias de los tejidos afectados. En la exploración física inicial, el pie se encuentra pálido, con piel marmórea, anestesiado, sin pulsos e inmóvil, sin un cambio inmediato después del recalentamiento. La fase hiperémica inicia unas cuantas horas después de iniciado el recalentamiento y se asocia con dolor urente intenso y la reaparición de la sensibilidad proximal. Conforme la perfusión se restablece hacia el pie en los siguientes dos o tres días, aparece edema y tal vez ampollas, además de empeorar la hiperemia. Con frecuencia, la anestesia persiste por semanas y puede ser permanente. En los casos más graves puede haber esfacelamiento de los tejidos y gangrena. La hiperhidrosis y la sensibilidad al frío son características tardías comunes y pueden persistir por meses o años. Los casos graves pueden relacionarse con convalecencia prolongada e incapacidad permanente.1

El tratamiento es sobre todo de sostén, pero pueden intentarse tratamientos con fármacos vasodilatadores. Se ha demostrado que las prostaglandinas orales incrementan la temperatura cutánea, lo cual sugiere que la circulación mejora.2 Los pies deben mantenerse limpios, tibios, con vendajes secos, elevados; deben vigilarse estrechamente en busca de signos tempranos de infección. La profilaxis para el pie de las trincheras incluyen mantener una temperatura cálida, asegurar el ajuste adecuado del calzado, cambiar las medias húmedas varias veces al día, nunca dormir con medias o ...

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