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INTRODUCCIÓN Y EPIDEMIOLOGÍA

Las urgencias térmicas representan un continuo de trastornos que van desde los calambres por calor hasta la sobrecarga térmica y, si son muy intensas, pueden culminar en siriasis o "golpe de calor". En casi todas las circunstancias es posible evitar las situaciones de suma urgencia por medio del sentido común, la orientación pública y medias preventivas.

La incidencia de situaciones de suma urgencia por calor varía con el clima, aunque no constituye una condición absoluta.1 Durante ondas de calor y sequías graves aumentan al máximo las cifras de muerte.1 Es posible que no se observen con tanta frecuencia casos de siriasis en personas que viven en climas cálidos, en comparación con quienes viajan a tales áreas, a causa de la aclimatización fisiológica y las adaptaciones culturales de las primeras al calor.

De 1999 a 2003 en Estados Unidos se notificaron, en promedio, 688 muertes por calor por año, por la exposición a temperaturas extremas.1 Se calcula que la onda calórica en el verano de 2003 causó 14 800 muertes en Francia.2 En Rusia, la onda térmica de julio-agosto de 2010, produjo unos 15 000 fallecimientos, según los cálculos, y complicaciones adicionales por los incendios forestales y lesiones por humo.3

FISIOPATOLOGÍA

MECANISMOS DE TRANSFERENCIA DEL CALOR

La temperatura corporal se regula través de un delicado equilibrio entre la producción, acumulación y disipación del calor. El calor es generado por el metabolismo celular y el trabajo mecánico del músculo estriado (esquelético). Se acumula por radiación que proviene del sol y el contacto directo con objetos calientes, y se absorbe cuando la temperatura ambiental asciende y rebasa la del cuerpo. Al aumentar la temperatura central del individuo se estimula el sistema nervioso autónomo para inducir la sudación y la vasodilatación cutánea.

El cuerpo cuenta con varios mecanismos para disipar el calor al entorno, e incluyen radiación (la transferencia de calor por ondas electromagnéticas de un objeto caliente a otro más frío); conducción (intercambio calórico entre dos superficies en contacto directo); convección (transferencia calórica por aire o líquidos que transcurra por la superficie de un objeto) y evaporación (pérdida calórica por evaporación de agua o el sudor).

La radiación y la evaporación disipan la mayor cantidad de calor corporal al entorno con menor temperatura (<35°C). La conducción del calor a una capa de aire ambiental que rodea la piel termina rápidamente tan pronto dicha capa alcanza temperaturas similares a las de la superficie cutánea; ello permite que se genere una "zona de aislamiento" de aire caliente a través de la cual se pierde un poco de calor. Si se elimina el aire caliente junto a la piel y se le sustituye por otro más frío se puede aumentar le pérdida de calor conductiva por convección. Cuando la conducción se acopla con la convección, aumentan los índices de transferencia de energía calórica desde el cuerpo humano. La conducción del calor al agua muestra una eficiencia muchas veces mayor que la conducción al aire, a la misma temperatura.

El efecto del viento en la pérdida calórica depende de su velocidad. El viento desplaza y aleja el calor desde la piel por medio de la convección, pero por arriba de 32.0°C y con 35% de humedad, por convección no se elimina el calor satisfactoriamente.4 Esta es la razón por la cual el uso de ventiladores solos no es eficaz para evitar la siriasis (golpe de calor) durante periodos de temperatura ambiental y humedad elevadas.

Cuando las temperaturas externas se incrementan a más de ...

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