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ANATOMÍA

La rodilla está compuesta de dos articulaciones que son la tibiofemoral y la rotulofemoral. En el interior de la articulación de la rodilla, la porción distal del fémur (el segmento que abarcan los cóndilos interno y externo de ese hueso) se articula con la zona proximal de la tibia (cóndilos interno y externo) (fig. 274-1). Los meniscos interno y externo están situados entre las carillas articulares y aportan acojinamiento, lubricación y resistencia al desgaste articular (fig. 274-2). En la articulación rotulofemoral, la rótula se articula con la zona distal del fémur en una depresión anterior denominada el surco rotulofemoral durante la flexión y la extensión de la articulación. El tendón rotuliano y el ligamento menisco rotuliano interno estabilizan la rótula. En la rodilla se localizan cuatro ligamentos: los ligamentos cruzados anterior y posterior y los laterales interno y externo (fig. 274-2), que confieren potencia y estabilidad a la articulación. La cara posterior de la rodilla, el hueco poplíteo, contiene la arteria y las venas poplíteas y los nervios ciáticos poplíteos anterior y posterior (fig. 274-3).

FIGURA 274-1.

Zonas supracondílea y condílea del fémur y zonas interna y subcondílea de la tibia.

FIGURA 274-2.

Ligamentos de la articulación de la rodilla derecha. Se eliminaron la cápsula articular y la rótula.

FIGURA 274-3.

Anatomía del hueco poplíteo en su cara posterior.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

El explorador debe conocer el mecanismo de lesión de la rodilla y revisar todas las lesiones previas del aparato locomotor o los métodos quirúrgicos realizados. Tal como ocurre con todas las exploraciones ortopédicas, el operador debe comparar la articulación sana con la lesionada, en todos los aspectos de la exploración, pero en particular durante la palpación y durante las pruebas con carga. La primera exploración por lo común es la más fácil y puede ser la más válida, porque el paciente no "anticipa" dolor y posiblemente no asuma una actitud en "guardia" tensa durante el examen y porque todavía no han surgido la inflamación y el derrame que limitan el examen.

Se valora la marcha (si es posible), el arco funcional de movimiento y la posibilidad de elevar el miembro pélvico en extensión (se valora el complejo extensor). Se valora la rodilla en busca de equimosis, hinchazón, derrames, tumoraciones anormales, situación y tamaño de la rótula, masa muscular, eritema y signos de traumatismos locales. Con la persona en decúbito dorsal precisará si las longitudes de cada extremidad pélvica son iguales o desiguales. Por último se solicita al paciente que muestre por sí solo el mejor arco de movimiento activo. También valorará los pulsos y la ...

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