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INTRODUCCIÓN Y EPIDEMIOLOGÍA

En los ancianos, el pronóstico después de un traumatismo es grave por los cambios fisiológicos que suceden con el envejecimiento. En esa etapa de la vida las personas son más susceptibles de padecer daños importantes por mecanismos de poca energía, tienen menor capacidad de compensar la "agresión" de una lesión y mayor posibilidad de presentar complicaciones durante el tratamiento y la recuperación. Los médicos de la sala de urgencias deben tener una gran suspicacia para detectar lesiones y no ser demasiado exigentes para la práctica de métodos diagnósticos y hospitalización, en comparación con personas más jóvenes.

Algunos estudios han definido en forma heterogénea que los límites inferiores de la senectud son 55 a 80 años. Algunas investigaciones también han demostrado que la mortalidad aumenta en personas incluso desde los 45 años de vida.1 Independientemente de la definición, la atención clínica de los ancianos lesionados abarca un segmento grande y cada vez mayor de la medicina de urgencias. En Estados Unidos, el U.S. Census Bureau calcula que para el año 2020 la población ≥65 años aumentará de 13% a 16% y para el año 2040, a 20%.2,3 Los pacientes geriátricos comprendieron 12% de la población del Major Trauma Outcomes Study.4 Es menor la posibilidad de que resulten afectados los ancianos en traumatismos, pero hay una mayor propensión a presentar consecuencias letales después del daño, con una cifra de mortalidad del doble en personas de menor edad. Los individuos de 65 años y mayores constituyeron una fracción desproporcionada de las hospitalizaciones por traumatismos (23%) y de los costos de ese origen (18%), en comparación con 12% de la población estadounidense que fue valorada en 1985.5

FISIOPATOLOGÍA

Parte de la dificultad para describir a la población de ancianos estriba en la diferencia entre las edades cronológica y fisiológica. La primera es el número real de años que ha vivido la persona, en tanto que la segunda describe la capacidad funcional de aparatos y sistemas de su organismo. Los estudios han demostrado una relación neta entre la edad y la mortalidad. También la presencia de cuadros patológicos coexistentes se ha vinculado con una mayor mortalidad después de lesiones de poca monta y moderadas, en todos los grupos de edad.6

Los cambios fisiológicos del envejecimiento complican la recuperación después de lesiones y dificultan la valoración de un daño. Con el transcurso de los años se pierden miocitos, que son sustituidos por colágeno con lo cual disminuye la contractilidad y la distensibilidad en relación con cualquier precarga dada.7 Una persona de 80 años tendrá, en promedio, la mitad del gasto cardiaco de otra de 20 años, incluso sin que exista arteriopatía coronaria ateroesclerótica importante. También con el envejecimiento disminuye la frecuencia cardiaca máxima y el gasto cardiaco. El miocardio del anciano tiene una menor respuesta cronotrópica a las catecolaminas y depende de la precarga ...

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