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INTRODUCCIÓN Y EPIDEMIOLOGÍA

La violencia por parte del compañero íntimo se define como un patrón de conductas coercitivas y de agresión, que pueden abarcar lesiones físicas, abuso psicológico, agresión sexual, aislamiento social progresivo, acoso, privación, intimidación y amenazas. Estas conductas las comete alguien que tiene, tuvo o desea tener una relación íntima con un adulto o un adolescente, y que tiene como finalidad controlar al otro.1

Violencia y abuso por la pareja es el término que se prefiere para lo que antes se denominaba abuso conyugal, maltrato conyugal y violencia doméstica. Refleja de un modo más exacto el hecho de que este tipo de abuso no solo se presenta en relaciones conyugales de adultos heterosexuales, sino también en las relaciones entre personas que cohabitan, están separadas, son homosexuales o lesbianas, bisexuales y transgénero, así como entre adolescentes.2,3

Esta violencia y abuso que comete el compañero íntimo se observa en todos los grupos raciales, étnicos, culturales, geográficos y religiosos, y afecta a personas de todos los niveles socioeconómicos y formación educativa en todo el mundo. Afecta a los varones, pero son las mujeres quienes padecen la carga abrumadora de la victimización por la violencia que ejerce el compañero íntimo.2,4,5 Entre los factores de riesgo para que se produzca esta violencia y abuso están: sexo femenino, edad de entre 18 y 24 años, ingresos del hogar bajos y relaciones entre personas separadas, más que divorciadas o casadas.2 El abuso sexual o físico durante la niñez y la adolescencia puede ser un factor pronóstico frecuente de victimización futura.2,6 La presencia de armas en el hogar y amenazas de muerte conllevan un mayor riesgo de homicidio.

Los efectos se extienden y abarcan a parientes, amigos, compañeros de trabajo, otros testigos y la comunidad en su conjunto.2 Los niños criados en hogares en que priva la violencia pueden sufrir abuso físico o emocional, o descuido, y presenciar actos violentos puede tener consecuencias adversas en su salud a corto y largo plazo.7 En familias en las que se identifica maltrato infantil o abuso conyugal es probable que coexistan ambas formas de agresión. Puede lesionarse o matar a los niños de modo accidental cuando tratan de intervenir en un forcejeo.7 Algunos menores expuestos a la violencia en casa tienen problemas de conducta, inclusive depresión, comportamientos agresivos y abuso de drogas. El contacto frecuente con la violencia en el hogar puede enseñar a los niños que la violencia constituye una forma normal de vida. Quienes perpetran actos violentos, y en particular los muy agresivos, pudieran estar en riesgo de cometer suicidio o asesinato, o de ser asesinados por algún miembro de la familia.7,8

Hay que preguntar sobre los antecedentes de violencia o abuso por parte del compañero íntimo durante la consulta de atención médica. No reconocer ni intervenir en ...

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