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Introducción

Encontrar los constituyentes y los mecanismos por medio de los cuales se integra el fenómeno complejo de lo que hoy una serie de interdisciplinas denomina conciencia o algo más que el “yo” del individuo es una de las tareas más retadoras para el intelecto del hombre contemporáneo. Ciertamente hoy en día hay disponibles herramientas tecnológicas en el campo neurocientífico que han permitido formular y responder preguntas acerca de cómo percibimos el entorno y a uno mismo; qué opera en el cerebro cuando hablamos a nosotros mismos, es este constructo el estamento del pensamiento, cómo se realiza la concordancia de pensamiento, sensación, expresión o conducta con respecto al “otro”. Como se puede percibir, son preguntas fundamentales a las que aquí se abrirán algunas puertas para obtener respuestas.

Hay dos condiciones en los individuos que determinan o ponderan no tan sólo la viabilidad de su especie, sino marcan o definen su evolución; me refiero a la condición de precocialidad y la de altricialidad. Estas condiciones biológicamente cuasi dicotómicas aparecen en las aves, y si bien existen controversias si en los reptiles se presentan, al menos en especies actuales pareciera poco evidente.1

La primera condición le confiere al individuo, inmediatamente después del nacimiento, la posibilidad de interactuar de forma muy rápida con su entorno, dependiendo prácticamente de él mismo para su sobrevivencia. Un buen ejemplo son los pollos de gallina o pato; al romper el cascarón y salir, el pollo puede sostenerse en pie por sí mismo y en unos minutos más lograr una marcha coordinada o nadar, además de ser capaz de obtener su alimento sin necesidad de un proveedor parental, e incluso implementa de forma muy temprana estrategias para ponerse a salvo de depredadores. La ganancia en esta situación es el aumento en la probabilidad de sobrevivencia por la falta de dependencia de un tercero. La contraparte en esta situación es que el cerebro que realiza todas estas funciones de manera precoz tiene poca capacidad plástica en cuanto al aprendizaje, la interacción social y el desarrollo de futuras habilidades. Estos cerebros desde el nacimiento están conformados casi en su totalidad para la función que requiere la especie, con una programación genética menos flexible o con menor penetrabilidad epigenética. Esta condición se ha clasificado como nidifugus, es decir, que se desprenden o dejan el nido rápidamente.

En el otro extremo del eje se encuentran los pájaros con cerebros altriciales, también denominados nidicolous: los que se quedan en el nido por mucho tiempo; característica de los pájaros tardíos que se desarrollaron en el periodo cretácico.2 Estos pájaros nacen completamente desvalidos, desnudos, ciegos y requieren del esmerado cuidado de sus padres para sobrevivir. Requieren además de una larga instrucción tutelada para poder volar y son capaces de desarrollar, con el tiempo, complejas estrategias de cacería e inclusive de cooperación social para la misma. Esto habla en sí mismo de la capacidad de aprendizaje ...

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