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Epígrafe

[…] no sólo ha dejado de coincidir el progreso de la ciencia con el progreso de la humanidad sino que ha llegado a entrañar el fin de la humanidad, de la misma manera que el progreso del saber puede acabar muy bien en la destrucción de todo lo que ha hecho valioso ese saber.

Hannah Arendt

Introducción*

La violencia es un problema de gran preocupación en nuestro país desde hace algunos años, de modo que la sensación de ser rebasados por ella puede llevar a la parálisis y la desesperanza. Es a partir de 2006 que aumenta de manera sorpresiva el homicidio en diversas regiones, así como otras manifestaciones extremas como secuestros, masacres y desapariciones. Si bien muchos de estos hechos se han atribuido al crimen organizado, existe alguna evidencia que señala que solamente alrededor de 53% de los homicidios en México son cometidos por estas organizaciones.1

Sin embargo, la violencia no sólo implica este tipo de hechos, sino un continuum de manifestaciones diversas. Puede definirse como el uso intencional de la fuerza en el ámbito público o privado, que busca imponer o modificar una manera de ser o un estado de las cosas; que contraviene la libertad y autonomía de personas, grupos o comunidades enteras, y que, desde el punto de vista de la salud, causa o tiene muchas probabilidades de causar no solamente lesiones y muerte, sino también daños psicológicos y psiquiátricos.2

Es llamativo que un alto porcentaje de los comportamientos violentos sean cometidos y padecidos por hombres —principalmente jóvenes—, y que las mujeres sean también víctimas mayoritarias de ciertos tipos de violencias, como la de pareja y la sexual.

La perspectiva de género es una de las múltiples miradas que tratan de explicar este fenómeno, considerando algunos condicionantes estructurales, sociales, contextuales y subjetivos que posibilitan el ejercicio de la violencia por parte de los hombres hacia otros hombres y hacia las mujeres.

Con base en lo anterior, podría hablarse de una epidemiología de la violencia que muestra escenarios diferentes para hombres y mujeres. Por ello, el sexo es una característica digna de analizar porque permite visualizar que ambos grupos enferman, resultan lesionados y mueren por situaciones de violencia en magnitudes y modalidades diferentes, lo que lleva a plantear la necesidad de abordar el papel que pueden jugar el género y las identidades de género.

El presente capítulo aborda estos aspectos, incluyendo una mirada desde la salud pública; asimismo, presenta datos relacionados con la violencia desagregados por sexo para México y plantea una breve reflexión en torno a los hombres y las masculinidades; por qué el género puede configurarse como un factor de riesgo y, finalmente, la importancia de desarrollar estrategias para promover la construcción de masculinidades menos dañinas para la salud de hombres y mujeres.

El género y la perspectiva de ...

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