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INTRODUCCIÓN

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En el decenio pasado, el conocimiento respecto al papel central que desempeñan las hormonas, los péptidos y otras moléculas en el sistema cardiovascular avanzó a una tasa exponencial. En la actualidad es claro que el corazón no es solo un órgano objetivo para hormonas y péptidos, sino en realidad tiene funciones como un “órgano endocrino”, con una función central en la homeostasis de líquidos y electrolitos (péptidos natriuréticos). Otros órganos también están implicados, por ejemplo, el riñón (renina y eritropoietina), el tejido adiposo (leptina, adiponectina e irisina) y el intestino (colecistocinina e incretinas). Una vez en la circulación, las hormonas se unen a receptores sobre tejidos blanco para desencadenar efectos biológicos. Los tejidos blanco para algunas hormonas (p. ej., glucocorticoides, hormona tiroidea) pueden ser numerosos, lo cual refleja la amplia distribución de receptores, mientras que otros tejidos pueden tener una distribución más limitada (p. ej., andrógenos). Debido a que los receptores de hormona pueden ser tan omnipresentes en todo el organismo, la presencia o ausencia de una hormona única puede tener efectos múltiples sobre uno o más sistemas, incluso el sistema cardiovascular.

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Así que casi todas las enfermedades endocrinas, si no reciben tratamiento o no son controladas, pueden tener manifestaciones cardiovasculares. El tratamiento con hormonas es motivo de controversia en muchas áreas pues en ensayos extensos, prospectivos, aleatorizados han dado resultados contradictorios; por ejemplo, uso de terapia de reemplazo hormonal para mujeres posmenopáusicas se ha encontrado que tiene importantes complicaciones cardiovasculares, y es necesaria una indicación adicional de seguridad a largo plazo antes de emplearla en diferentes grupos de pacientes. Este capítulo considera las endocrinopatías más comunes y algunas poco comunes que pueden afectar el corazón. Cada vez es más evidente que el sistema endocrino y el sistema cardiovascular interactúan estrechamente en lo referente a la salud del sistema cardiovascular.

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TIROIDES Y EL CORAZÓN

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Los signos y síntomas cardiovasculares de la enfermedad tiroidea son algunos de los signos y síntomas más característicos e importantes en clínica observados. Tanto el hipertiroidismo como el hipotiroidismo producen cambios de la contractilidad cardiaca, el consumo miocárdico de oxígeno, el gasto cardiaco, presión arterial y resistencia vascular sistémica. Aunque se sabe bien que el hipertiroidismo puede producir fibrilación auricular, está menos bien reconocido que el hipotiroidismo predispone a arritmias ventriculares. La importancia del reconocimiento de los efectos de la enfermedad tiroidea sobre el corazón queda de manifiesto por el reconocimiento de que la restitución de la función tiroidea normal casi siempre revierte los cambios cardiovasculares anormales.

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La enfermedad tiroidea es bastante común; afecta a alrededor de 9-15% de la población femenina adulta, y un porcentaje más pequeño de varones. Esta prevalencia específica para género probablemente depende de causas autoinmunitarias para las formas más comunes de enfermedad tiroidea, como las enfermedades de Graves y de Hashimoto; sin embargo, con la edad, en especial más allá de la octava década de la vida, la incidencia de ...

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