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¿Cuál es el fin último de toda actividad humana? Sin duda alguna, lograr bienestar propio y el del resto de los habitantes de este planeta. En principio, este noble objetivo debería ser la guía de nuestra labor cotidiana como ciudadanos y la de los gobernantes de todos los países; desafortunadamente no es así, ni debemos esperar, utópicamente, que así sea. Sin embargo, desde nuestro ámbito de competencia y en la medida de nuestras posibilidades, es nuestra responsabilidad contribuir a dos elementos esenciales para lograr este objetivo: generar riqueza y lograr una distribución equitativa de la misma.

Pues bien, para distribuir equitativamente esta riqueza primero debemos generarla: es necesario innovar en productos y procesos; y para esto debemos realizar nuevos desarrollos tecnológicos y nuevos métodos. Luego entonces, debemos ser capaces de aplicar correctamente el conocimiento en todas las áreas del saber. Por lo tanto, y en primerísimo lugar, debemos generar conocimiento, es decir, realizar investigación científica.

Así es. Al inicio de este proceso, de esta cadena de valor, se encuentra la investigación científica. Y no cabe duda que, en este universo, la investigación en salud cumple sobradamente con el objetivo primario de buscar el bienestar de la gente. De ahí su gran importancia.

En México, la investigación se ha desarrollado sin planificación alguna, y ha obedecido más a la iniciativa de individuos y/o instituciones que a programas bien definidos y con el respaldo económico que requiere esta importante actividad, esencial para el desarrollo sano de un país. El resultado de esta falta de políticas de Estado en materia de investigación y desarrollo tecnológico es que la evolución de éstas se caracteriza por su centralismo geográfico (concentrado en la zona metropolitana de la ciudad de México) y, además, por un desarrollo muy heterogéneo entre las distintas áreas del conocimiento y disciplinas científicas. En particular, la investigación en el área de la salud es de las pioneras en la época contemporánea de México; inicia con el establecimiento de los primeros Institutos Nacionales de Salud en la década de 1930 y, hasta nuestros días, es de las áreas de mayor visibilidad externa debido a la calidad de sus publicaciones y de las revistas en que éstas aparecen. Sin embargo, esta gran actividad de investigación científica en salud poco se reflejó en el desarrollo de las facultades de Medicina de nuestro país.

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) no es la excepción. La actividad de investigación científica sistemática es reciente, con distintos niveles de evolución entre las disciplinas que se cultivan en esa institución. En particular, en el área de la salud es una actividad emergente, lo cual se refleja en el aún insuficiente número de publicaciones y en el bajo número de miembros del Padrón de Investigadores de la BUAP y del Sistema Nacional de Investigadores.

Es por lo anterior que la publicación del libro Metodología de la investigación para el área de la salud se hace de manera oportuna y promete cubrir un espacio en la formación de nuestros estudiantes, importantísimo para su futuro desempeño profesional. Ni duda cabe que si en alguna profesión es indispensable la actualización permanente, ésta es la Medicina y, desde luego, que una formación ligada a la investigación científica es indispensable.

Este libro, con sus 17 capítulos, cubre con creces lo que cualquier lector interesado en el tema pueda esperar del mismo. Su capítulo inicial, “Rasgos históricos de los métodos de investigación científica en medicina”, ofrece una interesante y amena introducción histórica general sobre la evolución de los métodos, antiguos y modernos, de investigación en salud, y detalla con amplitud las características de los mismos. Culmina este capítulo con una discusión sobre la actividad científica y el problema científico, temas que son tratados con más amplitud en otras contribuciones que aparecen en este libro.

Los capítulos 2, 3 y 4 se complementan de manera muy adecuada. El primero de ellos analiza la situación que guarda, en general, la investigación en salud en nuestro país. En particular, describe algunas de sus principales carencias y características tanto en el sistema de salud como en las instituciones de educación superior, la falta de coordinación y de recursos para la investigación, concluyendo la inexistencia de políticas estatales de la materia; asimismo, describe con claridad quiénes son los objetos de la investigación en salud.

El tercer capítulo no sólo se refiere a la importancia de la metodología en la investigación, sino que da una descripción clara y puntual tanto de las diferencias entre lo que las autoras llaman la investigación cotidiana y la investigación científica, como de los métodos de esta última, y realiza un excelente recorrido por los componentes de la metodología de la investigación, dejando en claro su influencia en el rumbo de la investigación y la importancia de la incorporación del tema en los planes de estudio de pregrado.

Las autoras del capítulo 4 retoman el tema sobre el problema científico, con opiniones y comentarios desde su óptica personal, no coincidiendo con planteamientos desarrollados de manera más consistente en el capítulo 5 y sobre todo en el capítulo 7. Sin embargo, el capítulo 5, de las mismas autoras, describe de manera muy clara y precisa el rol que cumplen los objetivos en la investigación, al orientar las demás fases del proceso, determinando los límites y la amplitud de la investigación, así como las etapas del estudio.

Con el capítulo 6 ocurre algo similar a lo comentado en relación con el 4, de una amplia introducción con una óptica muy particular, antes de entrar al tema del capítulo, tratando temas y conceptos que han sido motivo de explicación en prácticamente todos los capítulos anteriores y el siguiente.

El autor del capítulo 7 diserta sobre diseños metodológicos para la investigación en el área de la salud, y trata de manera amplia y clara las características de la investigación clínica y del objeto de la misma, haciendo una excelente y detallada descripción de los tipos de estudio que pueden presentarse en la investigación clínica: transversal o longitudinal, comparativo o descriptivo, observacional o experimental, etc. De igual manera, explica con elocuencia cómo el propósito de la investigación define el diseño metodológico de la misma.

El capítulo 8 es muy didáctico y conciso; trata los conceptos básicos de la recolección de datos con mucha claridad, así como los requisitos que deben cumplir los instrumentos de medición para garantizar su confiabilidad y validez, y la relación entre estos conceptos. Asimismo, describe con detalle los factores a considerar con la construcción de un instrumento confiable.

En el capítulo 9, sobre la prueba estadística, se logra una muy buena descripción de los factores o criterios que realmente importan para la elección de la misma, tales como las características de las variables, la pregunta científica a responder, la hipótesis planteada y otros más.

Los autores del capítulo 10 tratan, en su introducción, algunos elementos ya abordados en el capítulo 7; sin embargo, le dan consistencia a la estructura de esta sección y es muy útil al entrar de lleno y de manera muy clara en el tema de estudios de casos y controles, explicando de manera concisa sus ventajas y limitaciones.

Los capítulos 11 y 12 se complementan muy bien. El primero de ellos realiza una muy interesante descripción sobre la utilidad de la serie de casos en situaciones particulares, como: síndromes no referidos previamente en la literatura, procedimientos de diagnóstico o de tratamientos nuevos, usos de nuevos medicamentos o de efectos colaterales no descritos con anterioridad, etc., y culmina con un breve tratamiento sobre la estructura de una publicación científica y ejemplos de la misma, tema de otras contribuciones de esta obra.

Por otra parte, el capítulo 12, además de versar sobre las ventajas y desventajas de los estudios de cohorte, toca temas como el objetivo de la epidemiología, los estudios analíticos y el análisis estadístico y epidemiológico de datos. Trata, como en varios capítulos más, los distintos métodos de estudio en salud.

El capítulo 13 contiene elementos muy útiles para identificar las fuentes de validez o invalidez, tanto interna como externa, de experimentos y cuasiexperimentos; sin embargo, es muy extenso y toca, también, tópicos ya tratados por otros autores. Algunos de los ejemplos que maneja se basan en experiencias poco comunes para un estudiante o profesor mexicano. El tratamiento que ofrece sobre diseño de experimentos y cuasiexperimentos es bastante amplio.

El capítulo 14, aun cuando se centra en la metodología de investigación epidemiológica, hace énfasis en la importancia de la investigación básica en la medicina preventiva, estudia con detalle la relación causa-efecto y señala las implicaciones que deben tener las políticas públicas en salud, tanto desde el punto de vista de la intervención, como de la verificación.

Los capítulos 15 y 16, sobre el informe final de la investigación y la estructura del protocolo de la investigación y de la tesis, están muy relacionados y se complementan. El primero da una descripción muy técnica y útil sobre la investigación científica y su comunicación, mientras que el segundo aborda, con mayor amplitud y de manera puntual, tópicos tratados en los capítulos 4, 6, 8 y 9.

Cierra este libro con un estupendo capítulo sobre la responsabilidad profesional en la investigación clínica, que con un enfoque ético hace un análisis histórico de la Segunda Guerra Mundial, de la parte legal y reglamentaria de la investigación, así como de las responsabilidades que tiene el investigador clínico.

En resumen, Metodología de la investigación para el área de la salud es un estupendo tratado que sin duda jugará un papel importante en una formación más integral de los estudiantes del área y en el desempeño de los académicos de la misma. Debemos felicitar a los coordinadores de esta obra por el esfuerzo de concatenar un conjunto de trabajos que, si bien en general se complementan, en su inmensa mayoría pueden leerse y aprovecharse de manera individual.

Nuevamente, nos congratulamos por la aparición de esta obra que será de beneficio no sólo para la comunidad médica, sino también para nuestra institución, al fortalecer una de sus funciones sustantivas: la investigación científica y pertinente.

Pedro Hugo Hernández Tejeda

Vicerrector de Investigación y Estudios de Posgrado

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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