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INTRODUCCIÓN

La ciencia médica, como toda disciplina científica, vive en una constante evolución que exige revisar permanentemente los planes y programas de estudio para actualizar la formación profesional de los nuevos egresados. Entre otros aspectos que intervienen en dicha evolución destacan los cambios demográficos, el aumento de la expectativa de vida, la dinámica y evolución epidemiológica, la creciente demanda de los servicios de salud y los avances científicos y tecnológicos. Asimismo, inciden en el campo médico aspectos culturales como la calidad de vida, la pretensión de prolongar la juventud y la belleza y, de manera particular, influyen las condiciones sociales, económicas e ideológicas que determinan la asignación de presupuestos, así como la organización de los servicios de salud.

En este capítulo se propone analizar la pertinencia de los modelos actuales de enseñanza-aprendizaje en los ciclos clínicos de la carrera de medicina, que es la etapa en la cual el futuro médico se enfrenta por primera vez a la realidad de la salud y la enfermedad.

Durante los ciclos clínicos el estudiante comienza a tener contacto directo con los enfermos, sus dolencias, sus esperanzas y expectativas. También es el periodo que le permite intercambiar experiencias con el equipo de salud y con la comunidad que enriquecerán sus conocimientos; cuando se desvela el mundo que les depara a quienes aspiran a convertirse en médicos, empieza a conocer las exigencias que le esperan en el camino hacia su profesionalización y se enfrenta a los retos que le plantea la profesión; es la hora de definir su vocación sin idealismo ni romanticismo y aprender la ciencia y el arte de la medicina.

En el pasaje que se cita a continuación, Esculapio formula, de manera excepcional, el dilema entre consagrarse a la medicina o dedicarse a otra profesión lucrativa, cuando aconseja a su hijo, que pretendía ser médico:

Tendrás que renunciar a tu vida privada. Mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, una vez terminada su tarea, aislarse lejos del infortunio, tu puerta deberá estar abierta a todos.

No cuentes con agradecimiento. Cuando el enfermo sana, su curación es debida a su robustez. Pero si muere, tú serás el que lo ha matado.

Te lo he dicho: esto es un sacerdocio.

Piénsalo bien mientras estés a tiempo. Pero si indiferente a la ingratitud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante estoica para satisfacerse del deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con la cara que sonríe porque ya no padece, con la paz de un moribundo ante la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre y comprender todo lo trágico de su destino, entonces hazte médico, hijo mío.1

Sabias palabras que los aspirantes a médicos deben conocer inclusive antes de tomar la decisión de ingresar a la escuela de Medicina. Es entonces cuando se enfrentan a ...

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