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INTRODUCCIÓN

La relación entre el derecho y la Medicina ha estado presente a lo largo de muchos años y cada vez cobra mayor relevancia. Por ejemplo, en la obra Las transformaciones de la medicina, el doctor Ruy Pérez Tamayo narra cómo las primeras disecciones anatómicas realizadas en la Universidad de Bolonia durante los siglos xii y xiii no fueron impulsadas por la curiosidad médica. Éstas se realizaban con la finalidad de encontrar datos relevantes para incidir en procesos legales. Los abogados presidían la disección de cadáveres en busca de información que pudiera ser útil durante el trámite de los juicios. La preponderancia jurídica en esa actividad se reflejaba en el hecho de que, en su origen, la escuela de Medicina de dicha universidad, la cual es considerada como pionera en la práctica de autopsias, estuvo dirigida por la escuela de leyes.

Esta dinámica en la relación se ha mantenido a lo largo de los siglos. A principios del siglo xix, la aplicación del conocimiento médico continuaba al servicio de la justicia. Los médicos eran llamados a los juicios por fiscales y jueces para que explicaran las causas de la muerte en casos criminales o para que evaluaran las capacidades psíquicas de las personas acusadas de cometer un delito para saber si éstas eran o no imputables. El conocimiento jurídico de los médicos se limitaba a determinar en qué parte del procedimiento legal podían intervenir y qué valor jurídico tenía su testimonio dentro del proceso. La continua intervención de médicos en juicios hizo que se reformaran los planes de estudio de su profesión y se institucionalizaran las materias que hoy conocemos como Medicina legal o forense.1,2

Con el paso de los años, la relación entre ambas disciplinas ha evolucionado, aunque no siempre con la misma velocidad a la que cada una avanza en su respectivo campo. Lo que sí es evidente es que los resultados de su interacción han dejado de tener repercusión sólo en la Medicina forense y el derecho penal para ampliarse más a fondo en ambas disciplinas; por ejemplo, en el ámbito médico a la atención médica, salud pública, cuidados paliativos, Medicina predictiva, entre otros; mientras que en el campo jurídico al derecho civil, mercantil, administrativo, laboral, por mencionar algunas ramas del derecho. Prueba de lo anterior es que cada vez hay más médicos y abogados interactuando para encontrar soluciones a interesantes litigios y arbitrajes de responsabilidad profesional sanitaria que, en la mayoría de los casos, se desenvuelven bajo las normas del derecho civil. Esta interacción es necesaria también para formalizar y dar operatividad a los diferentes tipos de relaciones comerciales que se suscitan entre pacientes y médicos con las compañías aseguradoras en el marco del derecho mercantil. Sin duda, el diálogo entre ambas profesiones y los consensos alcanzados son el sustento para que la regulación administrativa que expiden las autoridades sea eficaz para reglamentar las diferentes actividades que puedan implicar ...

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