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Contenido del capítulo

Estudio del paciente con una enfermedad infecciosa

PERSPECTIVA HISTÓRICA

Los orígenes de las enfermedades infecciosas son simples. La idea de que las enfermedades contagiosas se debían a un miasma ("mal aire") puede ubicarse a mediados del siglo XVI, por lo menos. No fue sino hasta el trabajo de Louis Pasteur y Robert Koch a finales del siglo XIX, que hubo evidencia creíble que respaldaba la teoría de gérmenes de la enfermedad; es decir, que los microorganismos son la causa directa de las infecciones. A diferencia de este inicio relativamente lento, en el siglo XX hubo avances notables en el campo de las enfermedades infecciosas, y pronto se identificaron los microorganismos etiológicos de muchas enfermedades infecciosas. Además, el descubrimiento de los antibióticos y el advenimiento de las vacunas contra algunas de las infecciones más letales y debilitantes modificaron el panorama de la salud humana. En el siglo XX se eliminó la viruela, uno de los grandes azotes en la historia de la humanidad. Tales éxitos extraordinarios impulsaron al doctor Frank MacFarlane Burnet, destacado inmunólogo y ganador del Premio Nobel, a escribir en 1962 una publicación titulada Historia Natural de las Enfermedades Infecciosas: "En muchos sentidos se puede pensar a mediados del siglo XX como el final de una de las más importantes revoluciones sociales en la historia, la virtual eliminación de las enfermedades infecciosas"; el profesor Burnet no era el único con esta idea. Robert Petersdorf, un reconocido experto en enfermedades infecciosas y alguna vez editor de este libro, escribió en 1978 que "incluso a pesar de mi gran lealtad personal hacia las enfermedades infecciosas, no concibo la necesidad de 309 más (graduados en la materia), a menos que ocupen su tiempo en cultivarse entre sí". Dado el enorme crecimiento en el interés en el microbioma en los últimos cinco aãos, la declaración del Dr. Petersdorf podría haber sido de una irónica clarividencia, aunque no podía tener idea de lo que esperaba a la humanidad, con la arremetida de enfermedades infecciosas nuevas, emergentes y reemergentes.

Está claro que incluso con todos los avances del siglo XX, este tipo de trastornos todavía representa un problema muy importante para los pacientes y los médicos por igual. Además, durante la segunda mitad del siglo se demostró que varias enfermedades crónicas eran consecuencia directa o indirecta de microbios infecciosos; quizá los ejemplos más notables sean las relaciones de Helicobacter pylori con la enfermedad ulcerosa péptica y el carcinoma gástrico; el virus del papiloma humano con el cáncer cervicouterino, y los virus de las hepatitis B y C con el cáncer hepático. En realidad, se sabe que ~16% de las neoplasias se relaciona con una causa infecciosa. Además, muchas enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes todavía tienen un impacto abrumador en la salud global; el VIH/sida, la gripe pandémica, Ébola y Zika, son sólo unos ejemplos. El temor a patógenos que pueden usarse como armas bioterroristas está siempre presente ...

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