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INTRODUCCIÓN

La palabra helminto se deriva del griego helmins ("gusano parásito"). Los helmintos son muy comunes y, dependiendo de la especie, existen en forma de organismos libres o parásitos de una planta o animal. Los helmintos parásitos han coevolucionado con ciertos mamíferos y otras especies de hospedadores, así que la mayor parte de las helmintosis se limita a hospedadores no humanos y sólo en raras ocasiones estos helmintos zoonóticos generan accidentalmente infecciones en humanos.

Los helmintos que parasitan a los humanos pertenecen a dos fila: nematelmintos, que comprenden a los nematodos (gusanos redondos) y platelmintos, que incluyen a los cestodos (gusanos planos) y trematodos. Los helmintos que parasitan a las personas viven dentro del cuerpo y provocan infecciones verdaderas, por el contrario, los parásitos de otros géneros que habitan sólo en las superficies mucocutáneas de las personas (p. ej., los parásitos que provocan miasis y escabiasis) se consideran infestaciones en lugar de infecciones.

Los helmintos difieren de los protozoarios en varios aspectos. En primer lugar, los protozoarios son microorganismos unicelulares, mientras que los helmintos son gusanos multicelulares que poseen órganos y sistemas diferenciados. En segundo lugar, los helmintos poseen ciclos vitales complejos que requieren de estadios secuenciales de desarrollo fuera del hospedador humano. Por consiguiente, la mayor parte de los helmintos no concluye su multiplicación dentro de los humanos, sino que evoluciona hasta alcanzar cierta fase dentro del mamífero hospedador y, como parte de su ciclo vital obligatorio, debe madurar fuera de este hospedador. Durante los estadios "extrahumanos" del ciclo vital, los helmintos existen como organismos libres o parásitos dentro de otra especie hospedadora y más tarde maduran hasta alcanzar un estadio nuevo que puede infectar a las personas. Así, con sólo dos excepciones (Strongyloides stercoralis y Capillaria philippinensis, que pueden generar reinfecciones internas), para que aumente el número de helmintos adultos (es decir, la "carga de gusanos") en el hospedador humano, se necesitan reinfecciones exógenas repetidas. En el caso de los protozoarios parásitos, una sola exposición breve (p. ej., una sola mordedura de un mosquito que transmite paludismo) genera con rapidez una gran carga parasitaria con una infección avasalladora; por el contrario, en todos, con excepción de los dos helmintos ya mencionados, para que aumente la carga de gusanos, se necesitan varios contactos constantes con la forma infecciosa, como la ingestión de huevecillos de helmintos intestinales o el contacto a través del agua con cercarias infecciosas de Schistosoma mansoni. Este requisito aplica tanto a las helmintosis individuales como a los esfuerzos globales constantes por interrumpir, reducir o ambas situaciones, al mínimo las infecciones por helmintos en los humanos.

En tercer lugar, las helmintosis tienen preferencia hacia el estímulo de respuestas inmunitarias en el hospedador que despiertan eosinofilia en los tejidos y sangre. Las diversas infecciones por protozoarios en forma característica no causan eosinofilia en humanos infectados, con sólo tres excepciones (dos protozoarios parásitos intestinales, Cystoisospora belli y Dientamoeba fragilis y ...

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