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INTRODUCCIÓN

El asma es un síndrome que se caracteriza por la obstrucción de las vías respiratorias, que varía mucho, tanto de manera espontánea como cuando se administra tratamiento. En los asmáticos, se observa un tipo especial de inflamación de las vías respiratorias que los hace más sensibles a diversos elementos desencadenantes que ocasionan una estenosis excesiva, con la disminución consecuente del flujo de aire y, con ello, la aparición de sibilancias y disnea sintomáticas. La estenosis de las vías respiratorias por lo regular es reversible, pero en algunas personas con asma crónica la obstrucción es irreversible. El asma es una enfermedad heterogénea en la que se conocen varios fenotipos, pero hasta ahora éstos no corresponden a un solo mecanismo patológico específico (endotipo) ni a la respuesta al tratamiento. Factores como la prevalencia global cada vez mayor del asma, la gran preocupación que significa para los pacientes y los altos costos de atención de la salud, han impulsado la realización de investigaciones extensas sobre sus mecanismos fisiopatológicos y su tratamiento.

PREVALENCIA

El asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en el mundo y afecta a cerca de 300 millones de personas, con casi 250 000 muertos al año. En los últimos 30 años, ha aumentado la prevalencia de esta enfermedad en los países industrializados, pero ahora parece que se ha estabilizado, con una frecuencia de alrededor del 10-12% en adultos y del 15% en niños. En las naciones en vías de desarrollo, donde la prevalencia era mucho menor, se ha observado un incremento, al parecer relacionado con la mayor urbanización. En el mismo lapso, aumentó también la prevalencia de la atopia y otros cuadros alérgicos, lo cual sugiere que quizá las causas del incremento son generalizadas y no circunscritas a los pulmones. Muchos asmáticos en países desarrollados padecen atopia, con sensibilización alérgica al ácaro Dermatophagoides pteronyssinus en el polvo casero y otros alérgenos ambientales, como pieles de animales y polen.

El asma aparece a cualquier edad y la incidencia máxima se ubica a los 3 años. En niños, la frecuencia es dos veces mayor en varones que en mujeres y, en la vida adulta, es similar en ambos sexos. Los estudios a largo plazo en que se han vigilado personas desde la niñez hasta los 40 años de edad señalan que muchos niños con asma dejan de mostrar síntomas durante la adolescencia, pero el problema reaparece en algún momento de la vida adulta, sobre todo cuando los síntomas fueron persistentes y el asma más grave. Los adultos asmáticos, incluidos aquellos en los que el problema comenzó durante la madurez, rara vez dejan de manifestar síntomas de manera definitiva. La intensidad del asma no varía mucho en el mismo paciente; los individuos con asma leve pocas veces evolucionan a un cuadro clínico más grave, en tanto que los que padecen asma grave en general manifestaron el mismo grado de enfermedad desde el inicio.

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