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INTRODUCCIÓN

Normalmente el niño recién nacido comienza a llorar casi de forma inmediata después de su salida de la vulva. Este acto indica el establecimiento de la respiración, la cual se acompaña de modificaciones importantes en el sistema circulatorio.

—J. Whitridge Williams (1903)

En la mayoría de los casos, en el momento del parto el recién nacido está sano y vigoroso, pero a veces puede ser necesario un cuidado especial. Por este motivo, la Academia Americana de Pediatría y el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (2017b) recomiendan que cada nacimiento debe ser atendido al menos por una persona calificada. Esta persona debe ser experta en los pasos iniciales del cuidado del recién nacido y la ventilación con presión positiva, y su única responsabilidad será el manejo del recién nacido. Por lo general, este es un pediatra, una enfermera practicante, un anestesiólogo, una enfermera anestesista o una enfermera especialmente calificada. Sin embargo, en su ausencia, la responsabilidad de la reanimación neonatal recae en el asistente obstétrico. Por tanto, los obstetras deben estar bien versados en medidas para el cuidado inmediato del recién nacido.

El número y las calificaciones del personal que asiste el parto variarán según el riesgo previsto, la cantidad de bebés y el entorno hospitalario. Un equipo calificado con habilidades completas de reanimación debe estar presente para partos de alto riesgo e inmediatamente disponible para cada reanimación (Wyckoff, 2015). Este equipo no debe estar de guardia en casa o en un área remota del hospital. Además, se recomienda la capacitación del equipo a través de la práctica simulada frecuente, para todos los que puedan ser convocados a asistir a los partos (Perlman, 2015).

TRANSICIÓN A LA VENTILACIÓN AÉREA

Inmediatamente después del nacimiento, el recién nacido debe convertir rápidamente el intercambio gaseoso placentario al pulmonar. La resistencia vascular pulmonar debe disminuir, la perfusión pulmonar aumentar con rapidez y las derivaciones vasculares fetales únicas comenzar a cerrarse para separar las circulaciones sistémica y pulmonar (Rudolph, 1979). Estas derivaciones incluyen el conducto arterioso persistente y el agujero oval permeable, descritos en el capítulo 7 (Sistema cardiovascular). La aireación pulmonar no sólo es crítica para el intercambio de gases pulmonares. Estudios recientes sugieren que ésta es responsable significativamente de iniciar cambios cardiovasculares al nacer (Hooper, 2016).

En el útero, los pulmones del feto están llenos de líquido amniótico, el cual debe eliminarse de forma inmediata para la respiración del aire. Esta eliminación se produce a través de diversos medios y las contribuciones de estos mecanismos pueden depender de la edad gestacional y el modo del parto. Primero, una gran liberación de adrenalina fetal tardía en el parto estimula las células epiteliales pulmonares para que cesen la secreción y, en cambio, empiecen a reabsorber el líquido pulmonar como resultado de la activación del canal del sodio (te Pas, 2008). ...

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