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INTRODUCCIÓN

Algunas autoridades recomiendan que las mujeres que sufren de afecciones cardiacas se retraigan del matrimonio. Este, sin embargo, parece ser un criterio extremo, aunque, por supuesto, cuando la afección es grave y la compensación defectuosa, los peligros de la maternidad deben ser explicados cuidadosamente.

—J. Whitridge Williams (1903)

Como reconoció Williams hace más de un siglo, el embarazo en las mujeres con enfermedad cardiaca significativa puede ser extremadamente peligroso y puede conducir a la descompensación y a la muerte. En un análisis sobre la mortalidad materna en Estados Unidos entre 2011 y 2013, las causas previamente responsables de la mayoría de las muertes maternas, hemorragia, trastornos hipertensivos y embolia, han continuado mostrando tasas decrecientes. En contraste, las muertes atribuibles a enfermedades cardiovasculares fueron responsables de aproximadamente 26% de todas las muertes relacionadas con el embarazo (Creanga, 2017). Las enfermedades cardiovasculares también constituyen un factor significativo de morbilidad materna y son una razón importante para admisiones obstétricas en unidades de cuidados intensivos (Small, 2012).

La creciente prevalencia de enfermedades cardiovasculares que complican el embarazo es probablemente multifactorial e incluye las tasas más altas de obesidad, hipertensión y diabetes (Klingberg, 2017). De hecho, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, casi la mitad de los adultos mayores de 20 años tienen al menos un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular (Fryar, 2012). Otra razón relacionada es la maternidad tardía. Por último, como se explica más adelante (véase Enfermedad cardiaca congénita), un número creciente de mujeres con enfermedades cardiacas congénitas actualmente se encuentran embarazadas.

CONSIDERACIONES FISIOLÓGICAS EN EL EMBARAZO

Fisiología cardiovascular

Los profundos cambios anatómicos y funcionales inducidos por el embarazo en la fisiología cardiaca pueden tener un efecto profundo en enfermedades cardiacas subyacentes (véase capítulo 4, Sistema cardiovascular). Algunos de estos cambios se enumeran en el cuadro 49-1. Es importante destacar que el gasto cardiaco aumenta aproximadamente 40% durante el embarazo. Casi la mitad de este total tiene lugar a las 8 semanas de gestación y alcanza un punto máximo a mediados del embarazo (Capeless, 1989). Este aumento temprano se debe a un incremento del volumen sistólico, que es el resultado de una resistencia vascular reducida. Más adelante en el embarazo, el volumen de sistólico y el pulso en reposo son aún más altos debido al mayor volumen ventricular diastólico final que es consecuencia de la hipervolemia del embarazo. Estos cambios se traducen en un gasto cardiaco que aumenta a lo largo del embarazo, con un promedio de 40% más alto al término. Estas adaptaciones son aún más profundas en los embarazos múltiples (Kametas, 2003; Kuleva, 2011). Es importante destacar que la contractilidad ventricular izquierda intrínseca no cambia. Así, la función normal del ventrículo izquierdo se mantiene durante el embarazo. Concretamente, el embarazo no se caracteriza por una función hiperdinámica ...

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