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INTRODUCCIÓN

Puntos claves

  • Lacaziosis (o lobomicosis) es una micosis profunda y crónica de humanos y delfines, originada por Lacazia loboi.

  • No existen factores predisponentes comprobados y se considera que el contagio es a partir del contacto con ambientes acuáticos o en áreas rurales.

  • El patógeno hasta ahora es incultivable. Clínicamente se caracteriza por nódulos que pueden formar placas verrugosas, vegetantes o queloideas.

  • El diagnóstico se confirma mediante la visualización del agente en tejido como cadenas de levaduras en forma de limón, que miden 7 µm a 10 µm.

  • No existe tratamiento satisfactorio. Los mejores resultados se consiguen con trimetoprim/ sulfametoxazol, itraconazol o, cuando está disponible, con posaconazol.

Cuando Jorge Lobo, en Recife (Pernambuco), Brasil, describió la enfermedad en un indígena de 52 años de edad del valle del Amazonas, en 1931, la consideró una forma menor de paracoccidioidomicosis y la denominó blastomicosis queloidea. Siete años más tarde, Amadeu Fialho notificó un caso similar en el que realizó un estudio histológico y lo llamó “enfermedad de Lobo”. En 1940, Fonseca Filho y Arêa Leâo clasificaron el hongo aislado como Glenosporella loboi, y, nueve años después, F. Almeida y Carlos da Silva Lacaz lo denominaron Paracoccidioides loboi, basándose en estudios experimentales con animales. Hoy día se ha comprobado que esa cepa correspondía a Paracoccidioides brasiliensis y que los hongos aislados en casos posteriores son contaminantes.

En 1952, I. Campo-Aasen describió el primer caso en Venezuela. En 1956, R. Ciferri y colaboradores caracterizaron el hongo, y, dos años más tarde, Dante Borelli propuso el nombre de “lobomicosis”. En 1967, R.G. Baruzzi y colaboradores señalaron la existencia de lobomicosis en indios Cayabi, quienes tenían la creencia de que la habían adquirido a partir de niños enfermos capturados por la tribu ípeni. Ese mismo investigador, al observar durante más de 20 años a pacientes de esta región, concluyó en 1989 que el padecimiento depende de factores ambientales y no genéticos. En 1971, G. Migaki, M.G. Valerio, B. Irviene y M. Garner encontraron la enfermedad en delfines del Atlántico (por ello se considera que el hongo es patógeno hidrofílico). Zavala Velázquez y Reyes Pérez observaron el primer caso en México, en 1977, el de un agricultor del estado de Tabasco; y en la década de los ochenta, Roberto Arenas confirmó, mediante un estudio micológico, el diagnóstico de un caso estudiado por Lucía Castañeda, también en Tabasco, aunque al parecer se trataba del mismo enfermo anteriormente mencionado.

En 1979, da Silva Lacaz y P. Rose, en Brasil, compilaron la bibliografía publicada acerca de esta micosis, entre 1931 y 1978. El primer caso en humanos fuera de Latinoamérica –en un paciente holandés que cuidaba delfines en un acuario– se publicó en 1983. No fue hasta 1999 que se informó del primero en Estados Unidos; se trataba de un paciente de 42 años de edad, residente en Georgia, con el antecedente de un viaje que había realizado siete ...

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