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INTRODUCCIÓN Y EPIDEMIOLOGÍA

Se estima que la prevalencia de diabetes mellitus en la población mundial es de 8.5%.

Un importante hallazgo del estudio epidemiológico de retinopatía diabética de Wisconsin (Wisconsin Epidemiologic Study of Diabetic Retinopathy) (WESDR), fue la directa relación entre el aumento de la prevalencia de retinopatía diabética y tanto la diabetes mellitus tipo 1 como la tipo 2. Después de 20 años de padecer diabetes mellitus, cerca del 99% de los pacientes con la tipo 1 y el 60% con la tipo 2 mostraron algún grado de retinopatía diabética. La forma proliferativa se encontró en 50% de los pacientes con tipo 1, y 25% con tipo 2. En México se estima que 71% de la población con diabetes mellitus tiene retinopatía diabética; un grupo dentro del cual se ha identificado la forma no proliferativa en 37%, la forma proliferativa en 63%, y con edema macular el 16%.

El papel del médico general en el abordaje del paciente diabético es vital para la prevención de pérdida visual, si comprendemos que en la actualidad la ceguera secundaria a esta enfermedad puede ser prevenible. El médico debe entender la importancia del diagnóstico temprano de la retinopatía diabética, y debe remitir al paciente a tratamiento especializado. De no hacerlo, el proceso gradual de deterioro visual es inexorable; cabe subrayar que hoy en día la causa de ceguera más importante a nivel mundial es la retinopatía diabética.

La retinopatía diabética tiene diferentes estadios de afección que, a su vez, tienen diferentes formas de progresión y, también, diferentes consideraciones pronósticas en diferentes grupos de población de diabéticos. Una manera rápida de entender estas implicaciones es ubicando dos formas de presentación que hablan del estadio de severidad: la retinopatía diabética no proliferativa (RDNP) y la retinopatía diabética proliferativa (RDP). La división se ha hecho claramente necesaria en vista de que la forma proliferativa implica: la neoformación de vasos anormales que tienden a sangrar hacia la cavidad vítrea, así como el desarrollo de membranas fibrovasculares epirretinianas que tienden a ejercer tracción y desprender la retina. Este último evento termina en pérdida severa de la visión o ceguera. De ahí que la detección, el estudio, el entendimiento, el seguimiento y el manejo apropiado de los pacientes con la forma no proliferativa, constituyen actualmente aspectos de la mayor importancia en el abordaje oftalmológico del paciente diabético, obviamente, después de entender las consideraciones terapéuticas para quien padece la forma proliferativa.

FISIOPATOGENIA. DE LOS CAMBIOS INICIALES A LA CEGUERA

Entendiendo que la retina es una extensión del sistema nervioso central hacia el ojo, con un sistema vascular sumamente fino y sofisticado y que, por sus características fisiológicas, es diferente al del resto del organismo (Fig. 23–1), la retinopatía diabética se traduce como una microangiopatía progresiva de la red vascular retiniana, consecuencia de alteraciones metabólicas y bioquímicas. Al mismo ...

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