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GAS NERVIOSO

El 20 de marzo de 1995 durante la hora pico de la mañana en el sistema del metro de Tokio, uno de los más activos del mundo, un culto religioso lanzó al aire una sustancia química llamada sarín. El ataque fue coordinado entre varias estaciones de metro, y en poco tiempo miles de personas encontraban dificultades para respirar. Aunque solo ocho personas murieron en el ataque, cientos resultaron gravemente heridas. El sarín es un tipo de gas nervioso —un arma química producida por los nazis— diseñada para interferir con el sistema nervioso. Tras la Segunda Guerra Mundial tanto Estados Unidos como la Unión Soviética produjeron enormes cantidades de sarín y otros gases nerviosos, y aunque estas armas no se usaron a escala global, las fuerzas armadas iraquíes utilizaron el gas nervioso en un ataque contra la ciudad kurda de Halabja en 1988, así como en la guerra entre Irán e Irak. La molécula de sarín es pequeña pero mortal; funciona mediante el envenenamiento de una enzima que degrada las señales químicas usadas por los nervios para activar las células musculares. Las víctimas de sarín mueren porque los músculos utilizados para respirar se paralizan. En este capítulo aprenderemos cómo las proteínas en la membrana celular convierten las señales químicas en las señales eléctricas que se requieren para muchas actividades fisiológicas.

4.1 INTRODUCCIÓN A LA MEMBRANA PLASMÁTICA

Las paredes exteriores de una casa o un automóvil proporcionan una barrera fuerte e inflexible que protege a sus habitantes de un mundo externo rudo e impredecible. Es de esperar que el límite exterior de una célula viva se construya con una barrera igualmente resistente e impenetrable, ya que también debe proteger sus delicados contenidos internos de un entorno no vivo, y con frecuencia inhóspito. Sin embargo, las células están separadas del mundo externo por una estructura delgada y frágil llamada membrana plasmática o membrana celular, de solo 5 a 10 nm de ancho. Se necesitarían alrededor de 5 000 membranas apiladas una encima de la otra para igualar el grosor de una sola página de este libro.

Debido a que es tan delgada, no se detecta ningún indicio de la membrana plasmática cuando se examina la sección de una célula bajo un microscopio óptico. De hecho, no fue sino hasta finales de la década de 1950 que las técnicas para preparar y teñir tejidos progresaron hasta el punto en que la membrana plasmática se pudo estudiar al detalle en el microscopio electrónico. Estas primeras micrografías electrónicas, como las tomadas por J. D. Robertson de la Universidad de Duke (véase FIGURA 4–1a), retrataban la membrana plasmática como una estructura de dos capas oscuras, interior y exterior, y una capa media ligeramente teñida. Todas las membranas que se examinaron de cerca ...

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